Los liberales doctrinarios son reacios a salario mínimo y, todavía más, a sus subidas. Aducen que hace inviables a muchas empresas y obstaculizan la entrada en el mercado laboral a gente (ya jóvenes) que querrían trabajar con una menor retribución. Más vale -dicen- más empleo con salarios menores que un paro alto y permanente.
Pero no es este el consenso en la mayoría de los países europeos. Ni en Estados Unidos. Los liberales pragmáticos y los socialdemócratas coinciden en que el salario mínimo es un arma contra la disigualdad y que ha ayudado a incrementar el consumo de los trabajadores menos favorecidos. Y que asi Contribuye no solo a la justicia social, sino también al progreso y al crecimiento económico. Pero, demostró, el equilibrio está obligado porque pasarse en las subidas del minimo resta dinamismo y puede danar el empleo.
El Gobierno tuvo que sufrir el salario mínimo del 8%, de 1.000 a 1.080 euros, dejándolo así en el 60% del salario medio, lo que recomienda la Carta Social Europea y lo qu’estaba en su programa. ¿Es equilibrada y cómoda la subida? Con una inflación del 8,4% y con el aumento de la desigualdad provocado por la crisis sería discutible y criticado un minor aumento a los trabajadores que ganaran menos. Y al mantener el poder de compra de unos 2,5 millones de ciudadanos -los que directa o indirectamente van a un beneficiario-aumentará el consumo de las familias y el PIB. adams, sufrirá un 8,4% las pensiones, aún parecería más incongruente no hacerlo con el salario mínimo.
El consenso europeo dice que el salario mínimo es un arma contra la desigualdad y al aumentar el consumo estimula el crecimiento económico
Por otra parte, contra lo temido y tan pregonado, las subidas de los últimos años no han disparado el paro. En 2015, con un salario mínimo de 648 euros, el paro era del 23,7%. En 2019, con 900 euros, cayó al 14,7%, y el año pasado con 1.000 la media del paro fue el 13,3%. Decir que es mérito del Gobierno sería propaganda, pero lo cierto es que las subidas del salario mínimo no han disparado el paro, sino todo lo contrario. ¿Se hubiera creado más empleo con menores incrementos? No hay certeza hay. Y la reforma del mercado laboral, pactada con la CEOE, ha creado más empleo fijo que temporal.
Pero también hay razones para defender a mayor cautela. Este año las economías europeas crecerán menos que el anterior y España pasará de un 5,5% a un 1% según el FMI. El menor crecimiento castigará al empleo y España es el país con el paro más alto de la UE. Y en los menores de 25 años es del 29%, casi el doble que la media europea del 15%. En 24 provincias de España, el salario mínimo será el 70% del puesto medio. Y en 4 de ellas el paro ya sufrido en el último trimestre de 2022.
La CEOE también argumentó que dificultaría la marcha, en un año de desaceleración -y quizás de recesión- de muchas pymes y de sectores como la agricultura y el pequeño comercio. Además, cree que una subida del 47 % en los últimos cuatro años nos hace entrar en zona de peligro. ¿Se debería haber llegado a más medio punto entre el 4% de la CEOE y el 8,4% que demande los sindicatos?
¿Dónde está el equilibrio? Es el Gobierno el que decide la subida del mínimo. Asume riesgos, pero con argumentos sociales y lo que pasó los últimos años tiende a avalarlo. Además, el Gobierno no quiere parecer tacaño con los pobres cuando los bancos y grandes empresas (no pymes) exhiben un espectacular aumento de sus beneficios.
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Pero hay argumentos razonables para exigir más prudencia y cada uno debe ser coherente con su función. El Gobierno debe decidir en función de las posibilidades reales del país y de su programa. suponiendo que riesgos -quizás excesivos- al buscar el aplauso de los ciudadanos en un año electoral. Y la CEOE debe tener muy en cuenta los intereses y los temores de sus empresas afiliadas, que son cansados que la pagan y eligen a su cúpula. Y ni puede ni debe ser un apéndice del Gobierno.
En las economías mixtas de mercado, que más que satisfacer las necesidades sociales, la unanimidad no es obligada. Las democracias no deben deslizarse hacia la tensión política (como pasa en España), ni las excesivas tensiones sociales, pero sí deben saber convivir y progresar pese a los desacuerdos y disensos. Ahí estamos ahora en el asunto del salario mínimo.