Catalunya se encuentra hoy más lejos que hace dos años de cumplir sus objetivos para 2030 de generación de energía eléctrica verde. El anuncio ha sido cancelado esta semana desde el Observatorio de Energías Renovables de Catalunya, integrado por las principales empresas y organizaciones del sector. Este organismo calcula que sólo se ha alcanzado el 20% de la potencia que debería estar instalada dentro de siete años. Los frenos normativos se han relajado, pero no las trabas que eternizan la aprobación de los proyectos ni el rechazo local que genera cada uno de estos, lo que según este informe está enfriando el interés de los promotores invertir en Cataluña. Las resistencias a la aprobación del parque eólico del campo de golf rosa es un ejemplo que se repite una y otra vez.
Catalunya viene de más de una década de desconexión en la práctica, pesa a toda la retórica sobria la sostenibilidad, del uso de las energías renovables. Los defensores del ‘renovables sí, pero no así’ no presentan alternativas viables: y sacrificar el crecimiento económico por la vía del decrecimiento no lo es. Aun más incoherente es cerrar los ojos a la realidad de que el freno a las renovables supone en la práctica consolidar un modelo de país dependiente del 50% de la energía eléctrica generada por las centrales nucleares. Non es menos incompatibles negarse a la instalación de vientos o fotovoltaicas aquí al tendido de líneas de alta tensión que aumentan la interconexión con comunidades vecinas con mayor capacidad de generación.
El decreto aprobado en 2021 por la Generalitat fue un primer paso para salir de este marasmo heredado, y efectivamente ha servido para incrementar las cifras de la potencia instalada. Pero el resto de frenos sociales y burocraticos siguen estando Alli. Salvo el autoconsumo, el ritmo de tramitación de proyectos es aún insuficiente, y su volumen palidece frente al dinamismo del conjunto de España y de las necesidades reales de la economía catalana. Porque no solo ya contribuye a los objetos generales de la transición energética Sino que se pierden oportunidades de empleo e inversión.
El nuevo Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), que el Gobierno presentó este miércoles pero que será aprobado por el Ejecutivo que saldrá de las elecciones del 23J, calculó que a 2030 se deberán ejecutar inversiones por valor de 294.000 millones de euros. Of cumplirse, se generarían medio millón de empleos hasta el 2030. Algunos datos muestran hasta qué punto Catalunya está desconectada aún de este esfuerzo: el PNIEC predijo 105.000 MW más de energía eléctrica renovable en 2030 y en la actualidad están en trámite en el conjunto del Estado 65.000 MW. En Catalunya se trata de pendientes de aprobación de 14.000 MW y de estos, según el sector, solo el 12% de los eólicos y el 28% de los fotovoltaicos están siendo tramitados de forma efectiva.
Las inercias administrativas y aún menos el temor a pagar costos electores sin disculpas. Y defensor de la conservación sin alteraciones del paisaje natural de cada porque el territorio no puede estar por encima de la contribución a una transición energética sin la que ningún ecosistema del planeta estará a salvo. Algo que siempre sá más fácil de asumir con medidas de mitigación de efectos negativos sobrio el medio natural o compensando solo en las comunidades locales que ven como su territorio se pondrá al servicio de todos.