cuenta Jaime Bayley. Con ese acento peruano que por suerte no perdio a pesar de llevar años en Miami, Bayly sabe que contar lo hace bien. Y entonces, sentado en una sala de estar espejado del hotel Wellington de Madrid, darle a la preparación una tarima para la presentación de geniossu última novela, el periodista y escritor abrió este martes su repertorio de anécdotas y versiones sobre la amistad entre Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez que, en menos de una década, volvió a lo contrario.
Como si hubiera estado ahí, sentado en primera fila, Bayly se lanza a enhebrar realidad y ficción de esa amistad que Vargas Llosa decapitó aquel día de febrero en el que cerró el puño y se lo incrustó a Gabo en un ojo.
«Fue en 1976, en un teatro mexicano, a minutos de proyectarse un documental sur la tragedia de Los Andes, apareció García Márquez sonriendo, risueño siempre, inmensamente cómodo en su piel y en sus huesos –cuenta Bayly–. Había vendido tres millones de ejemplares de Cien años de soledad. amar a uno Vargas Llosa y los dados: ‘¡Hermano! ¡Hermanazo!’. Sí Vargas Llosa el da un puñetazo. Vargas Llosa sabe pegar. A mí no me ha pegado, todavía, pero sabe pegar, sabe pegar. Lo aprendió en un colegio militar cuando tenía 14 años. Y lo derribo. Lo dejó brevemente inconsciente. “Esto es por lo que le hiciste a Patricia (su esposa)”, el die Mario. “¿Qué le hizo? Si algo le hizo, porque los novelistas tienen siempre una imaginación muy fértil y calenturienta. ¿Qué le hizo García Márquez a Patricia? Esta es la gran pregunta que da origen a la novela”, dice Bayly sobre su libro, que llega a España, a Perú ya México este 22 de marzo.
En Argentina, Donde Bayly participó de la Feria del Libro de Buenos Aires, estará en las librerías del viernes 31.
“Esta novela es una autopsia sin guantes de esa amistad muerta –defínelo–. Cuando se muere una amistad, algo en uno mismo se apaga, se extingue. El abuelo de Gabo, que era coronel, le decía: ‘Tú no sabes lo que pesa un muerto’. Y yo creo que un amigo que se pierde es un muerto que pesa. Y ambos tuvieron que cargar con el muerto muchos años más”.
Baylyque integró a los invitados de la legendaria agente literaria carmen balcells –la misma que intentó en vano reconciliar a los Nobel de Literatura– desoyó el consejo de Balcells, que murió en 2015: “Me dijo: ‘Por favor, nunca escribas esa novela sobre el puñetazo’”, confesó Bayly.
“Vargas Llosa y sus hijos nunca me quisieron contar en detalle qué había pasado. Alvaro me dijo, esquivando el tema, que Gabo le había hecho algo muy feo a su padre. Cuando le pregunté a García Márquez, a mediados de los ’90, por que se había pelado con Vargas Llosa, me dijo: ‘Yo no me pelé con él. El se peleó conmigo’. Insistí y él me dijo: ‘Habla con mis amigos. Yo no te puedo contar nada'».
Bayly ya lo habia intencionado con Vargas Llosa decir años antes. “También se lo había preguntado con mucha delicadeza, con mucha timidez. A mediados de los ’80, Mario me dijo: ‘De ese tema yo no voy a hablar. Que se encarguen de investigar mis biografías’”.
«Con cierta irreverencia, la novela se atreve a saltar la intimidad de los genios porque a lo mejor no pasó todo lo que Mario imaginó que había pasado o, a lo major, sí pasó todo lo qu’a Mario le contaron que había pasado. Este es el tema quemante de la novela”, insiste.
“¿Qué pasó entre Patricia Vargas Llosa, que en ese momento estaba separado de Mario, y no dire más, y García Márquez entre mediados del ’74 y noviembre de 1975?”, es la pregunta retórica que lanza Bayly. “Porque cuando muere Franco, en el ’75, Mario estaba dando clases en Nueva York, en la Universidad de Columbia, y ya se había conciliado con Patricia”, agrega.
«Esta novela está en mis vísceras, en mis entrañas desde hace muchos años», sentencia Bayly.
Y prueba definir genios: «No es un libro de historia. Pero parte siempre de los hechos reales. No es una crónica periodística, pero la investigación del libro se ha deprendido de mi curiosidad periodística».
Aquí mismo, en el Wellington, la noticia de Bayly cuenta, en la página 90, que hace casi medio siglo Vargas Llosa se refugió con una joven y le preguntó a su agente literario que no le dijo a su mujer dónde estaba.
Aquí mismo Jaime Bayly confiesa que «es el libro que más largamente he tramado y maliciado».
“Il comenzó a pensar este libro hace 30 o 40 años, cuando conocí en La Prensa a Alvaro Vargas Llosa (hijo mayor de Mario)”, agrega. Y en detalle el disparador fue el puñetazo qu’Alvaro recibió de su padre in 1982seis años después de haberle dejado el ojo morado a García Márquez, cuando su hijo se negó a seguir estudiando en la Universidad de Princeton.
“Vargas Llosa es un genio y es también un volcán –dice Bayly–. Un genio volcánico. Con veces hace erupción y, cuando expulsa lava, quema. Como queman sus libros. ‘La literatura es fuego’, dijo el cuando recibió el Rómulo Gallegos en 1967 en Caracas. Los genios no siempre se portan de una manera genial.
–Si te preocupa que lo acompañe desde hace tantos años, ¿por qué escribió genios recibido ahora?
–Por qué ahora y no antes… Responderé con absoluta franqueza. Tal vez porque antes yo era muy amigo de los Vargas Llosa. Precisamente porque era tan cercano a ellos que no me hubiera animado a escribir la novela. Desde que me ha distanciado de ellos por razones políticas tal vez me ha sentido liberado.
Alguien tenia que escribir esta novela. Sus muchos años preguntándonos ¿qué pasó? ¿Por qué se pearon? Y sensi que me tocaba a mi hacerlo. Tengo en mi cabeza esta novela desde hace años y recién ahora sentí que tenía el valor de escribirla. También il escrito sobre ellos porque ya no es posible verlos. Yes una manera de recuperarlos.
–El hecho de que García Márquez haya muerto, ¿es un alivio para la novela o suma intriga?
–Creo que a sus hijos, si leen la novela, no les va a molestar. Les va a gustar. Yo sólo estuve una vez con García Márquez. No huya su amigo. Conversamos menos de media hora. A Mercedes (su mujer) no la conocí. A Patricia Llosa, sí. La entrevista en mi programa.
Patricia Llosa es un personaje increíble y un cuento genial. Ella, y esto está contado, tiene la inmensa fortaleza de carácter y grandeza intelectual de saber perdonar las veleidades de los genios, de saber comprenderlos en su naturaleza más profunda. De no juzgarlos de una manera severa, agria, y de no resolver el desencuentro con un golpe. Saber comprender y saber perdonar son señales de una inteligencia profunda. A Mario no lo veo hace 15 años. Me encantaría darle un abrazo y decir cuánto lo quiero, cuánto lo admiro.
–García Márquez fue material literario de Vargas Llosa en Historia de un deicidio, el ensayo qu’escribió inspirado en él. ¿Esto forma parte de su novela?
–Está, claro que está. Ese libro fue publicado en 1971, año en el cual (Pablo) Neruda gana el Premio Nobel de Literatura (a García Márquez se lo otorgarían en 1982 ya Vargas Llosa en 2010). Neruda vivió en París, era embajador de Allende en París. Neruda lo lama a García Márquez y lo invite a cenar.
Ambos tenian fobia a los aviones. En ese vuelo, Gabo y Mercedes leen Historia de un deicidio en el cual Vargas Llosa postuló que García Márquez era dios. Literariamente era dios capaz de crear todo un universo. En ese vuelo leen. Y cada página que leía Gabo, la arrancaba y se la pasaba un Mercedes, que la leía y la dejaba tirada en el piso del avión. Y así queda el libro, deshilachado, desencajado, reducido a páginas entreveradas en la alfombrilla del avión.
En este momento, cinco años antes del puñetazo, Vargas Llosa estaba rendido ante el genio de García Márquez. En 1976, luego del puñetazo, Mario le pide a Carmen (Balcells) que retira el libro de circulación. Ydurante años fue imposible encontrar una muestra.
– Como entrevistador y también como escritor usted ha sido y es un gran provocador. ¿Cuánto de provocación tiene genios?
–Es una novela provocada si por provocación se entiende levantar la alfombra y ver qué hay debajo o abrir el armario y ver qué esqueletos hay en él. Creo que la literatura y el arte, en general, tienen que investigar debajo de la alfombra y qué hay adentro del armario. Es lo que yo he intencionado hacer.
Si, es una novela provocativa. Intelectualmente es irreverente o insolente. Si yo tuviera una mirada excesivamente reverente hacia los genios no habría podido escribirla.
–Cuando dos se pelean, es inevitable tomar partido por uno de ellos. ¿Por quién tomó parte?
–Durante muchos años, yo era muy cercano a Vargas Llosa. Entonces creía que García Márquez se había portado muy mal, que era Gabo el que había traicionado la amistad, que había hecho unas aproximaciones amorosas indebidas.
Sin embargo, después conocí a García Márquez y hablé con sus amigos más cercanos y ellos me dieron otras versiones. Que había sido un malentendido, que Mario tiene una imaginación muy afiebrada. Llegó a la conclusión, y eso está postulado literariamente en la novela, que el corazón mismo de la pelea, el nudo de la pelea se originó en un malentendido. No voy a decir más.
–Hay una diferencia entre armar un rompecabezas con piezas reales y completar los huecos de una historia con ficción, ¿qué fue lo que hizo usted en genios?
–No ha sido fácil. Parto de unos hechos históricos. El puñetazo lo es. Que en el año ’74 Mario dejó a Patricia con tres niños pequeños es un hecho histórico. Que luego ocurrieron unas cosas a Patricia, separadas de Mario, también es un hecho histórico. Comprenderás que hacerlos hablar ya es fabuloso un poco.
Luego, los encuentros en la intimidad, lo que pasa en una discoteca, en un auto de madrugada, las miradas, las tensiones, las apetencias, el erotismo… uno se lo tiene que imaginar. Me han contado cosas. Pero las piezas son verdad histórica y son mentira novelesca, no tengo la menor idea.
Madrid. Correspondiente
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