Mié. Feb 1st, 2023

Las operaciones parecen estancadas con un equilibrio militar inestable. Hasta ahora ha sido una campaña de desgaste tremendamente letal (alrededor de 200,000 bajas militares y 10,000 civiles muertos o heridos). Excepto en las primeras semanas tras la invasión, el acento de la acción de los países que apoyan a Ucrania ha descansado sobrio las capacidades militares, olvidando las de la política y las de su instrumento diplomático. Para la nueva campaña, tras el invierno, en EE. UU., y por tanto en la OTAN, pretende incrementar sustancialmente el poder de las tropas ucranianas engrosando, cualitativa y cuantitativamente, sus capacidades en tres formas de acción clásicas: fuego, movimiento y, especialmente, shock. O, en términos prácticos: dotarlas de vehículos (blindados) de combate más modernos que los hasta ahora transferidos, para incrementar su capacidad de movimiento; proporcionarles sistemas artilleros de mayor alcance y potencia de fuego (Atacms de largo alcance); y, sobre todo, provealas de modernos carros de combate pesados, para elevar exponencialmente su potencia de chocque. Eso sería, en suma, una gran escalada que podría constituir la antesala de un escenario Nuclearizado.

Lo de los carros ha sido objeto de la mayor controversia, aunque, en primera instancia, ese gran aumento de la potencia de chocque ucraniana en presencia supondría para algunos gobiernos (entre ellos el español) el derrumbe del relato tras el que se escudan, voceando que los medios que se explotaron a Ucrania su solo “defensivos”. A pesar de ello Zelenski ha seguido exigiendo perentoriamente la entrega de cientos de carros de combate Leopard 2 (de patente alemana), en servicio desde 1979, del que se han fabricado alrededor de 3.500 unidades en, al menos, siete versiones distribuidas por todo el mundo (especialmente en Europa). El líder ucraniano afirmó que Alemania transferirá a Ucrania carros Leopard 2 de su inventario, así como que autorizase a otros países, que tienen de endowment tales medios, a hacer lo propio, aunque, por obligación contractual, necesitan tal autorización.

Para intentar armonizar posturas, el Grupo de Contacto para la ayuda a Ucrania se reunió, el pasado día 20, a nivel ministerial (nuestra ministra de Defensa, Margarita Robles, se escaqueó de la cita), en la base norteamericana de Ramstein, sin alcanzar ningún acuerdo sobre el asunto. Pero Alemania dio ayer luz verde tanto a la transferencia de sus medios como a la autorización para que lo hagan otros. El canciller Scholz había sido muy claro, en Davos, afirmando que la acción alemana estaba “estratégicamente entrelazada” con la de sus aliados (in roman paladino, que Alemania solo se metería en ese fregado si también lo hacían EE.UU. y Francia) . En la ciudad de Ramstein, el flamante ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, no hizo ningún movimiento de esta postura porque los alemanes tienen buenas razones para mantenerla. Berlin no quería aparecer, en punta de vanguardia frente a Rusia, como el factor clave para disparar la capacidad ofensiva ucraniana. Tampoco deseaba engancharse ferrrea e irremisiblemente al compromiso y la carga logística que ello supondría, particularmente en el plano de los repuestos, el mantenimiento y el municionamiento.

Pero la presión denttro de la NATO y la UE sobre Alemania es tremenda y ha dado sus frutos. Polonia encabezaba un grupo de una decena de países aliados prestos para tal transferencia llegando, incluso, a amenazar con violar la obligación contractual del anterior plácet alemán, si Alemania no lo diera. De llevarse a cabo así, habría introducido un grave problema de relación interna tanto en el seno aliado como en el comunitario. E incluso en el propio Gobierno alemán, entre los poderosos de la entrega (los Verdes, que controlan el Ministerio de Economía y el de Asuntos Exteriores) y los reticentes a la transferencia (SPD, canciller y Ministerio de Defensa).

Hubiera sido raro que Estados Unidos y el Reino Unido, desde la sombra, hallazgos ajenos a todo eso. Por eso no ha resultado extraño que, finalmente, Alemania abra la mano a la autorización para la transferencia de los Leopard a Ucrania. Llegados a este punto, tampoco sería insólita la elevación a nivel de brigadas de los grupos que los países de la NATO, entre ellos España (en Letonia, en el seno del grupo canadienne), despliegan, en presence adelantada, próxima a las fronteras occidentales desde Rusia.