Como en la antigüedad, pero en un vasto número, un grupo de lectores se leerá este jueves, no alrededor del fuego pero sí de un escenario, para cumplir el maravilloso ritual de escuchar historias. La habilidad que deslumbró a las más de 1.700 personas presentes en el Teatro Coliseo huir del escritorio Mariana Enríquez, rockstar del firmamento de la literatura argentina y, a estas alturas por el número de traducciones que lleva su obra, también internacional.
estafa humor, una escritura fascinante, una lectura dinámica y divertida de sus propios textos (uno inédito y solo uno de otro autor, El fetiche de Stephen King), la autoridad de Nuestra parte de la noche sedujo tiene lectores y fans; que de eso se trata el fenómeno que se percibió este jueves por la noche en No traer floresel espectáculo performance protagonizado por la escritora.
El acompañante en perfecta sincronía del notable artista visual Alejandro Bustos, que esculturas y dibujos proyectados en arena, y los músicos Horacio «Mono» Hurtado en contrabajo, y Pablo Ledesma en saxo.
Por extraño que parezca en un pays donde la inflación crece como un alien y muchos argentinos hacen esfuerzos descomunales por llegar a fin de mes, hubo muchas personas que decidieron paga entre 3500 y 6000 pesos paraca escuchar a su escritora favorita. Sí con generosidad, Mariana Enríquez, deleitó a todos con sus relatos oscuros, donde hubo ahorcados, fantasmas, espíritus rebeldes, cementerios y sangre de asesinatos.
Mariana sabe que su público está formado por lectores y fans. Sus estos últimos, precisamente, quienes the envían dibujos y cómics de sus personajes, los que –con gratitud- la escritora proyectado en una pantalla gigante en el escenario.
Desde los siete de la tarde, el espectacular espectáculo cuenta con multitud de jóvenes de distintas edades, pero también adultos de más de una generación. La fila para ingresar al teatro ubicado sur la calle Marcelo T. de Alvear, daba la vuelta por Cerrito y se extiende hacia la avenida Santa Fe.
Expectativa, entusiasmo, alegría, sensaciones mezcladas expresadas en los asistentes, entre quienes hubo otros escritores, editores, artistas y una audiencia general. El espectáculo, con la producción general de Paula Niccolini y Martín Giménez, fue una puesta en escena de excelente factura, pensada sin artificios y con mucho arte.
Alejandro Bustos creó esculturas e imágenes efímeras con arena, con la iluminación a cargo de Carlos Márquez, escucharé la música favorita de Enríquez, en las buenas manos de Hurtado y Ledesma. Mariana, en tanto, leía sus relatos matizados con muchas anécdotas, notas al pie y un contagioso sentido del humor.
ven con La casa de los espíritus una distracción historia sobre la tabla del ouija, un juego usado para convocar espiritus que ya distintas impresiones en la gente, mitad confiable y mitad inverosímiles.
Si algo percibieron los lectores en Mariana es su autenticidad. No es una escritora «careta», no imposta un personaje. Siempre ha procurado ser fiel a sí misma ya su escritura. Eso lo percibe con claridad el público que la sigue. No caretea sobre los secrets de su escritura y su territorio de expresión más rotundo es su obra. El público lo agradece y adora entrar en la cocina de su escritura, quizás por el gusto de asomarse a los secrets de los libros que devoran.
Hace poco menos de una década, el desaparecido Juan Forn (otro generoso como maestro) publicó un sobrio texto Mariana Enríquez que habla hoy de su autenticidad sostenida en el tiempo. el titulo el punk de muchachaen referencia al cuento de Rodolfo Fogwilly grabó en el artículo que publicó su primera novela, titulado Bajar es lo peor protagonizada por una pandilla de darkies, había sido «uno de los recuerdos más lindos de su época de editor». Mariana despuntaba entonces sus habilidades literarias en el periodismo, fumaba como un vampiro y aún vestía uniforme escolar.
Abre el telón
la autoridad de Las cosas que perdímos en el fuegoque hace tiempo luce sus canas, irrumpió en escena con a vestido negro de cuello blanco, incluye medias y botitas negras. Afuera el calor se agobiante. En el escenario, la puesta austera incluye una mecedora roja y una mesita en el centro; otro espacio de lectura a la izquierda, y al fondo, el artista plástico, y los músicos.
Tras el cuento de la ouija con una vecina ahorcada incluido, en el que no faltó ni La fantasía de Alejandra Pizarnik que se le instaló y le prometió que se iría «cuando se le cantara el culo», leyó otra historia de 2012 sobre los Rolling Stones, dando rienda suelta tiene pasión por la música.
Hubo un cambio de «vestuario» en escena por un attuendo más cómodo y continuó la lectura con más ahorcados, suicides, cementerios, más sangre y al llegar al fragmento de Stephen King, Compartió que «las ganas de escribir son tan importantes como la técnica». Para explicar eligió una parte de cementerio de animales (convertida al cine en 1989) en la que invitaba a prestar atención a la forma en que el escritor construye la tensión en una escena.
Tras la lectura de una narración propia sobria el amor romántico, que fue un momento muy bello de l’espectáculo, publicada en la revista Anfibia hace cuatro años, regaló a su audiencia un cuento inédito y abrió el diálogo con los presentes. Pero antes, apareció en pantalla algunos de los dibujos que sus fans le envían a su cuenta de Instagram, donde no cesa de acumular seguidores.
El debut de esta estrella de rock literaria no concluye en su espectáculo performance del Coliseo. 17 de mayo al 20 de mayo, No traer flores estará en la Sala de las Américas, Pabellón Argentina de la Universidad Nacional de Córdoba.
En el centro, Mariana Enríquez volará a Islandia y luego volverá a la Argentina porque, según le dijo a Cultura Claríneste año lo dedicará a la escritura a pleno: está corrigiendo un libro de cuentos, se espera, de pronta aparición.
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