Mientras bebía sorbos de agua con gas en un exclusivo barrio de Maputo, capital de Mozambique, Mia Couto, probablemente el escritor más conocido del África de habla portuguesa, se echó hacia atrás en su asiento para contar la historia del día en que se quedó sin palabras.
Era 1972, y lo habían convocado para formalizar sus vínculos clandestinos con el movimiento guerrillero que desde 1964 luchó contra Portugal por la independencia de Mozambique. Tenia 17 años.
«Había quizás unas 30 personas en aquella sala», continuó. «Yo era el único blanco». A cada persona se le plantó que relatara su «historia de sufrimiento» ante un comité revolucionario de tres hombres de aspecto severo qu’representaba al Frente de Liberación de Mozambique, o Frelimo. Si se considera que habían sufrido lo suficiente, el comité los recibió en el santuario interno de la revolución.
Bajo un retrato de Samora Machel, líder exiliada del movimiento, couto pánico Dijo que conocía sus privilegios. ¿Qué sufrimiento podría presentarles? Ideó un plan. Iba declaró que había sufrido porque había visto el sufrimiento de otros, evocó. Pero cuando lo llamaron se dio cuenta de que no podía hablar. Su incipiente reputación de poeta lo salvó: la revolución necesita sus propios poemas, le dijeron.
Incapaz de narrar el mismo dentro de la historia de Mozambique este día, couto ha estado escribiendo desde entonces sobre el país, como si quisiera expiar aquel pecado original. Su vida se ha entretejido con la historia de la nación y él se ha convertido en el principal cronista de los antihéroes de Mozambique: las mujeres, los campesinos, incluso los muertos.
Cuando sus personajes afrontan violencia, aislamiento y consecuencias de la modernidad en rincones remotos del país, las líneas de la realidad pueden difuminarse, con frecuencia à partir de explicaciones mágicas y sobrenaturales extraídas del folclore, la brujería y la religión.
Como dijo el académico Yussuf Adam, quien conoció a couto en los años setenta, «Mia es una hacedora de mundos».
colonialismo
por su obra, couto fue preseleccionado para el Man Booker International Prize y ganó el premio Camões, uno de los galardones literarios más importantes en lengua portuguesa, entre muchos otros. Su trabajo más reciente, una novela titulada El bebedor de horizontesesta es la ultima entrada de una trilogia sobria el colonialismo es Mozambique, y apareció en inglés el pasado martes 14, publicado por Farrar, Straus & Giroux.
los padres de Mia Couto emigrar uno Mozambique Portugal en 1953 para escapar del régimen fascista de António Salazar. Él nació dos años más tarde, en Beira, una ciudad construida sobre un estuario del Océano Índico, allí se creó un departamento a la cabeza de una empresa distribuidora de armas.
To create in Beira, conocida entonces como una ciudada conservadora con rígidas divisiones raciales, fue una experiencia formatadora: «Sigo naciendo allí», dijo Couto, que también habla otras dos lenguas mozambiqueñas, el sena y el changana (evil, recalca).
Portugal se convirtió en una tierra de la imaginación, un país que sólo existía en los cuentos, manifestado.
«Yo tenía necesidad de crear una familia», expresó, «y esa familia era Mozambique».
El derrocamiento de los sucesores de Salazar por militares portugueses en 1974 aceleró la independencia de las diversas colonias del país en África. Tras un año de miedo y convulsión en Lourenço Marques —número de Maputo en aquella época—, en 1975 Mozambique se independiza.
Mia recuerda haber sentido en aquel entonces como si viviera una «epopeya». Toda la familia se apretujaba en torno a las emisiones secretas de Radio Frelimo de Dar es Salaam, Tanzania, donde se fundó el Frelimo, para escuchar las voces de la revolución. A los 17 años, Couto encaminó a Lourenço Marques.
«Vine para luchar», destacaron. Militante en las redes clandestinas del Frelimo, discutido sobrio politico izquierdista con otros estudiantes revolucionarios, recuerda Ricardo Santos, viejo amigo suyo.
En el nuevo país independiente Desaparecido en combate Llegó ha sido periodista de destacamento y participó activamente en los debates ideológicos de revistas y periódicos de Mozambique. El Frelimo, focalizado en la unidad nacional, había adoptado el portugués como lengua oficial, lo que a Couto ya muchos otros les planteó la cuestión de si la lengua de la ex potencia colonial podía reconvertirse o no en arma modernizadora y revolucionaria.
En artículos de la época, couto citaba al líder revolucionario Machel, que instaba a hacer de la lengua portuguesa «un instrumento de combate» para el nuevo Mozambique. Tan bien Couto menciona como inspiración propia a brasileños y angoleños escritores que también escribieron en esa lengua y s’expandieron sus fronteras, el portugués del escritor es también producto del que, dure un timpo, fue un regimen radicalemente izquierdista. In a free country, creían él y otros mozambiqueños escritores, el idioma debía ser igualmente libre.
«Teníamos la idea muy romántica e ingenua de que todo podía volverse nuevo: un mundo nuevo, un hombre nuevo», reconoció el autor.
Mia adhirió a lo que se dio en llamar «enriquecimiento», la idea de que la lengua portuguesa podría reformularse e impregnarse del potencial emergente de Mozambique. Cuando se publicó en la primera recopilación de cuentos, Voces anochecidas, en Maputo en 1986 –y se reeditó en Portugal al año siguiente–, la incorporación al portugués de giros coloquiales y palabras de otras lenguas mozambiqueñas provocando gran revuelo. Los personajes de estos relatos, muchos de los cuales se han vuelto a publicar en inglés hace poco en una selección titulada Sea Loves Me (Mar me quiere), hablan con voces reconociblemente mozambiqueñas.
En Portugal, la crítica es deshizo in elogios. La creatividad de Couto, conocido como un personaje lúdico y la hibridación del portugués estándar con elementos que lo caracterizan como genuinamente mozambiqueño, lo ha convertido en «un innovador lingüístico», afirma David Brookshaw, quien traduce la obra de Couto desde los años ochenta.
fr Mozambique, sin embargo, algunos argumentaron que su estilo paternalista era y que los mozambiqueños nunca hablarían así. Según los detractores, la escritura de Couto denotaba el exotismo lingüístico de un escritor portugués sin experiencia vivida de los personajes que imaginaba.
«La gente lo atacó», dijo Yussuf Adam. «Decían: ‘¿Cómo se puede considerar mozambiqueño a Mia?» Añadió el académico que él sigue escuchando con regularidad este tipo de críticas, que tachan a Couto de forastero.
Las discusiones locales comparan paralelismos con debates simultáneos en Estados Unidos sobre autenticidad y apropiación. Couto sostuvo que no deja que eso lo detenga. «Yo he luchado por este país», afirma. «Esa es la verdad».
Seguir tales restricciones significa que «sólo se me permite escribir sobre mí mismo», agregó. «No puedo ser prisionero de eso». En Las Arenas del Emperador, en su reciente trilogía sobre la colonización de Mozambique, narra la conquista portuguesa del rey de Gaza a través de los ojos de una adolescente, Imani.
«Si escribió sobre una mujer», expuso, «para que sea auténtico debo encontrar algo o alguien dentro de mí que sea una mujer. Es ese ejercicio lo que lo hace real».
Si el idealismo revolucionario generaba creatividad para Couto, la realidad de construir un país a través de la revolución lucharía por distanciarse de la política. Cuando publicó su primera obra, un poemario en 1983, ya se había desilusionado con el Frelimo.
«Necesitamos que la poesía permanezca en los márgenes, no dentro de la política, de lo contrario no es poesía», explicó. «Debe estar en algún lugar entre la realidad y los sueños».
Para entonces, Mozambique había precipitado una guerra civil que durará más de una década y costaría la vida a más de un millón de personas. «Cambió todo», resumió el escritor y poeta refiriéndose a la guerra. El desencanto dotó a sus escritos de una ironía que se convirtió en mark de identidad de su narrativa.
En nueva revelación, Tierra sonámbula, publicado en 1992, el año en que terminó la guerra civil, sigue a un ciano ya un chico que deambulan por una nación herida tratando de encontrarrles sentido a los desastres que la han asolado. Terminar sin una conclusión.
couto ha encontrado cada vez más apoyo en Maputo, donde creó, junto con dos hermanos, una fundación para fomentar la literatura y las artes. Sin embargo, pese a haber recibido en el extranjero, no fue reconocido con el premio literario José Craveirinha, el más prestigioso de Mozambique, hasta 2022.
Traer a colacion el numero de Mia Couto sigue suscitando, para muchos de sus contemporáneos, algunos de los debates esenciales del país: sobre el papel del portugués, sobre la izquierda y cómo se la abandonó a mediados de los años ochenta, y sobre la identidad.
Un tardecer, mientras abría una cerveza grande en su jardín de las polvorientas afueras de Maputo, Paulina Chiziane, de las primeras mujeres en publicar una novela en el Mozambique independiente, alegó que el mundo literario del país, como todos los demás, está dividido por rivalidades y celos. «Hay mucha gente afuera, que empieza a pensar ya imaginar cosas», deslizó.
«Él es blanco y hombre, yo soy negra y mujer», dijo en relación a couto, pero «avanzamos juntos». Ambos forman parte del mismo esfuerzo, dijo Chiziane. «La literatura mozambiqueña llegará algún día, no conmigo, ni con Mia, sino algún día».
couto esta de acuerdo. «Estamos construyendo mitos», resaltado. «Este país necesita mitos para construir sus cimientos propios». Hace una pausa. «Todavía estamos en el proceso de crear una nación; una nación que pueda unir estas lenguas diferentes, creencias diferentes. Somos sustitutos de los profetas.»
©El New York Times
Traducción: Román García Azcárate
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