«La Argentina es el país de la literatura en español», afirma sin dudar juan cruz en una charla con Matilde Sánchez en eso Espacio Cultural Ñ en el Feria del Libro. Cuando la editora general de la revista lo presenta, se refiere a él como «un periodista de raza» y, rápido, el escritor replica: «De raza canaria». Y así se establece el tono del encuentro, que será tan jocoso como preciso.
El evento, que comenzó con un público amodorrado a la hora de la siesta del domingo, pronto se convierte en un momento burbujeante. Juan Cruz es uno de los periodistas culturales más reconocidos y respetados de España. En el evento en La Rural no genera el fenómeno que puede ser en las calles de Madrid, a donde a cada paso alguien lo para para preguntarle algo o saludarlo, pero sin lugar a dudas no pasa desapercibido.
Lo acompaña en calidad de amiga personal la periodista especializada en policías, que además entrevistó a escritores, María Helena Ripetta. Allí se acercó a escuchar la charla de la intelectual Norma Morandini.
El público que pas queda atrapado por alguna idea o broma de uno de los miembros fundadores del diario ibérico El Pais. “Argentina es el país más escrito del mundo. Y el lugar en el que me hubiera gustado haber nacido. En los bares, por la calle, me siento rodeado de parientes», dice juan cruz sin ni una pizca de demagogia, con real entusiasmo que, pronto, explica.
«Cuando era pequeño en mi pueblo vivía un argentino, que todos pensábamos era de la CIA, porque sabía hablar muchos idiomas», hace una pausa para las risas, que llegan, y sigue. “Con su visión del mundo nos hizo internacionales. Además, gracias a él conocí canciones de Cafrune, los Chalchaleros, Larralde y Falú, que todavía me acompañan”, dés.
literatura argentina
Sobrio lo que l’interesa tanto de la literatura argentina, el canario, que fue director de la Editorial Alfaguara desde 1992 hasta 1998, explicó que es porque “no se ha dejado convocar por modas o circunstancias locales. Aquí prosperará el compromiso estético por sobre lo que se debería decir. Prima la escritura antes que un mensaje. Sí diferencia a los escritores argentinos de los del resto del mundo”.
Y seguir. “La Argentina siempre tuvo escritores rabiosamente literarios, como Borges o Cortázar. Sigue habiendo, lo veo en nuevas generaciones que no se creen adalides de la defensa de valores que muchas veces hay que defender, pero no a costa de la escritura. No quiero hacer una lista de números para que no quede nadie afuera, pero la primera que me entusiasmó mucho en ese sentido fue Selva Almada, y siempre que vengo compro algún libro de ella. El quefu a buscar recién creo que ya lo tengo, pero no importa”, dice riendo.
“¿Siguen existiendo las literaturas nacionales en el siglo que acaba con el papel?”. Ese es el numero o vector de la charla, que igual se deborda, porque Juan Cruz está lleno de anécdotas que Sánchez lo invitó a contar y el escritor disfruta compartir.
Como por ejemplo cuando de jovencito consiguió el teléfono de la casa de Cortázar llamando a todos los números que quedaron en la calle de Paris sobre la que sabía que vivía el escritor hasta dar con él. “Para mí Cortazar era una madre, un padre, la vida, la playa”, declamó casi.
Cuando años más tarde llegó a Alfaguara y descubrió que la redacción editorial toda su obra, pero no la publicaba, preguntó a un gerente por qué. La respuesta fue que «habría que traducirlo porque es muy raro para España».
Y entonces, cuenta que «eso que dijo aquel bobo» hizo que se tomara como afrenta personal devolverlo a las librerías, al público. Así que reimprimió sus cuentos completos, armó la campaña «Hay que leer a Cortázar, queremos tanto a Julio» y lo ubicó para siempre en las listas de bestsellers. «Es una de las alegrías de mi vida», reconoce.
En otro momento habla de sus problemas de salud en la infancia y cómo domó el asma. Igual que su abuelo a los burros, dice. “Hay que cansarlos”, explícito. Esa historia se puede profundizar en Una gope de la vidasu libro de 2017 en el que relata su historia personal, marcado por el oficio periodístico. «Escribí para respirar mejor», continúa en esas páginas.
«Donde hay un problema es con los periodicos», dice con respecto al tema de si lo digital matará al papel. “Hoy camino por la calle Florida y ya no hay kioscos de diarios que vendan diarios. Los tienen ocultos en un rinconcito. No es culpa de internet. Yo creo que la prensa grafica, impresa, va a durar mucho tiempo. Los periodistas de habla hispana no tenemos que dejarnos engatusar por la desidia. In Estados Unidos, Francia, Italia, los periódicos de papel se siguen ganando, como nunca”, cuenta.
«Los libros están en plena actualidad. El problema que veo ahí es que hay una cultura de hacer sentir que sobran. Nunca nadie dice que hay demasiados partidos de fútbol, o más hot dogs que los necesarios. Pero al libro se lo marca asi. En la televisión ya no hay programas de literatura sobria, se ha vuelto su enemiga. Se estableció una creencia de que leer es algo de élites. No es así, no debería ser así, hay que volver a enseñarle a los chicos eso, la importancia de la lectura, que es inhérencee a la sabiduría”, propone.
«Señora, pase, siéntese, alguien le compartirá una silla», dice a una mujer que se acerca a la charla, atraída por las risas y el interés del público. El auditorio está como enamorado. juan cruz charla con cada uno, desde el escenario, y hasta recitó una canción de Larralde. Su cierre del encuentro, poniendo el moño al romance, es así: «Disculpen cualquier cosa que haya dicho que los pueda haber llevado a pensar que soy un bobo». Y desde las mesas se escucha un coro de suspiros.
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