“¿Alquilas o leés?”, pregunta lo consignó. Asoma, así como quien no quiere la cosa, de un stand de la Feria del Libro 2023. El espacio ocupa una de las esquinas del Pabellón Amarillo y ahí hay libros, por supuesto, y son muchos, pero también están los carteles, tipo de inmobiliaria.
Otro aconsejó, en letra gigante: «SE VENDE». Abajo, detalles del supuesto inmueble. Una colección de maderas sostiene la estructura. Lo literal y lo simbólico. “Desde el stand 1916, de 28 m2, en el gentrificado pabellón amarillo de la @ferialibroba nos proponemos pensar las formas de habitar, leer y editar las ciudades”, anuncia en su Manifiesto el colectivo de editoriales independientes «Todo Libro es Político», que hace ya ocho años modificar enter official, y con todas las de la ley, al predio de La Rural Durante la Feria del Libro.
“¿Cuánto vale el metro cuadrado de tes lecturas y el desalojo de ton tiempo de ocio? ¿Podremos construir nuevas casas con ladrillos de libros o es más caro el papel que el cemento? ¿Los amenities incluyen bibliotecas de usos múltiples? 14 sillines autogestivos que tienen en común, entre otras cosas, interesantes catálogos eclécticos –que va de la poesía al ensayo, pasando por la narrativa o la filosofía– y reúnen autres inéditos con consagrados que piensan distintas temáticas sociales, en ficción o no. La propuesta que los engloba es: “Construir propuestas que desarrollen discursividades criticas”. Y lo hacen.
Apuntan, disparan y no buscan respuesta puntual, salvo dejar picando elviento de la bala. In 2022, frente a la crisis de los dampales, a la bandera de grupos de activismo ambiental rosarinos que decía como reclamo «cuanto vale un rio», cuando se secó el Paraná, la sumaron otro cuestionamiento: “Cuánto vale un libro”.
Durante el feria del libro 2022, the first edition después de la pause por la cuarentena y aislamiento, para llamar la atención sobre un contexto económico que ponía en riesgo el acceso al libro y la supervivencia de los editores independientes, la interpelación era «Liquidación por cierre».
El lema que eligieron para debatir este año es “Alquilar o leer”. Y entonces abrieron el juego así: “Vivir en ciudades con las plataformas cada vez más presentes en nuestros consumos nos pone al borde de tener que repensar las prácticas habitables, de comprar libros, ir a ferias, vivir en casas”. Por ahí comienza su reflexión.
«No podemos estar en la FIL de una manera cómoda. Si bien es una ciudad cultural con sus propios sentidos, identidades, de alguna manera nuestro stand dialoga con el afuera, con lo que pasa en lo cotidiano. Desde Todo Libro es Político intentamos problematizar Un poco la Feria, que nuestro stand se un espacio critico, porque de eso se tratan nuestros catálogos”, explicó la socióloga Marilina Winik, que desde 2013, junto a Natalia Ortiz Maldonado, es editora de Hekht, una de las editores que está desde el inicio de esta reunion de sellos que se juntan para poder sostener el precio de un stand en la Feria del Libro.
Visibilidad
Para Editoriales y distribuidoras, desde la más pequeña hasta la multinacional, participar de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires es importante. Es el evento cultural más grande, estable y de larga data de la Ciudad.
Además, entre otras cosas, están las jornadas profesionales antes de la apertura general, con un abanico amplio de propuestas de formación y contactos, para editores, libreros, distribuidores y bibliotecarios. Ninguna estrella es invisible. Ante el público lector, y entre colegas.
Además del momento sencillo que está pasando la industria del libro en su totalidad, entre otros factores por la crisis del precio en dólares del papel y el costo de las imprentas, a las editores autogestivas – más pequeñas, medianas o grandes, nuevas o ya clásicas – se les suma lo inaccesible que puede resultar tener presencia en la Feria del Libro.
Para poner un stand hay que pagar 70 millones de pesos del metro cuadrado, oh mar que uno muy pequeño ronda el millón. A eso hay que sumarles los sueldos de quienes atienden al público, el traslado y la instalación del lugar. Mínimo. Hay que vender mucho para recuperar lo invertido. Y hay que contar con esa suma para invertirla.
Durante largo tiempo, las editoriales pequeñas y medianas se quedan afuera. En 2001, mientras la economía argentina se caía a pedazos, un grupo de escritores y editores armaron, en respuesta y discusión a la oficial, una contra-feria como lugar de resistencia. La idea se originó en 2006 y comenzó a existir como Feria del Libro Independiente y Autogestiva (FLIA).
El espacio que comenzó pequeño, en donde la literatura no quedará solo ligada a la explotación comercial, pasó a ser un evento alternativo Importante editorial del mundo y literario porteño. Con lugar para quien quisiera participar. Gratuitamente. Organizado sin jerarquías, a través de asambleas abiertas. Y en funcionamiento sin pedir patrocinio ni asistencia gubernamental o privada. Actualmente, tiene una filial nacional y otra internacional.
Y sigue. En 2012, un grupo de sellos medianos como Adriana Hidalgo, Beatriz Viterbo y Eterna Cadencia, entre otros, sumaron para comparar un stand en la Feria del Libro y sosteniendo así el precio del metro cuadrado. Entonces cobijó un nuevo campo de posibilidades. Muy poquito después, en 2015 aterriza el proyecto «Todo libro es Político», desde lo alternativo hasta el corazón del mainstream, sin perder por eso lo contestatario.
Varias de las editoras que participan de esta «construcción colectiva», como se autodenominan, tienen una gran trayectoria de haber gestionado y construido ferias independientes y fueron desde el inicio de la FLIA.
”Con el tiempo y la –entre comillas– profesionalización de los editores que estábamos solo en las ferias de libros por fuera de la FIL, esta idea de poder compartir el piso de la Feria del Libro, que es tan caro, nos pareció estratégica. No solamente para poder participar porque tenemos catálogos de acordes y distribuimos en librerías. Si no también porque al no estar nos estaban quitando una posibilidad de mostrar lo que hacemos”, explica Winik.
Entonces ahí están. Con su propuesta disruptiva, que sacude un poco la modorra. Dentro de la Feria del Libro oficial, con y como postura critica. Este año, la discursividad común, la encontrada, además de la Editorial y distribuidora porteña Hekht; la ya clásica (aunque se autodenomina “Marginal Transnacional Independiente”) Milena Caserola, comandada hace 17 años por Matías Reck; la cordobesa DocumentA/Escénicas, que piensa su labor como una “practical artística contemporánea”, dicen y entre otros éxitos publicados en 2018 El viaje inútil, de Camila Sosa Villada; y más. También su parte del proyecto La Cebra, Tinta Limón, Tren en movimiento, Traficantes de sueños, Lom, Nocturna, Casagrande, Otro Cauce, Miluno y Último Recurso.
En la edición de 2023 la cuestión son los alquileres de casas para vivir. «Tien que ver con una problemática que es clarísima en la Ciudad de Buenos Aires, pero también en todo el país. Cada vez hay más prioridad para los alquileres temporarios, para turistas. «Yeso estamos tratando de poner a pensar del ‘Alquilar o leer ‘. Porque además, por la inflación, los precios de los libros están super altos», dicen desde el stand 1916.
Con una propuesta que es consecuente con el nombre de su grupo para la Feria del Libro, Todo libro es Político, año tras año proponen reflexionar sobriamente problemáticas que cruzan, no sólo lo cultural, sino también lo social. El stand es un espacio abierto, lleno de carteles de SE VENDE, que también programa presentaciones, charlas, intercambios.
Y cada edición de la FIL corre el mismo rumor: «Todo libro es político ganó el premio al mejor stand colectivo por la intervención artística, la propuesta conceptual y los catálogos expuestos». También surge la provocación recurrente, para que vuelva a pasar.
pero asi como en Aldea William Shakespeare escribió que «algo huele a podrido en Dinamarca», indagando un poco esta información podría decirse que «algo suena extraño en la Feria del Libro» con respecto al galardón a este grupo disruptivo. Si si. “Es una fake news que decimos todos los años”, explican entre risas, y ya quedó como cabala.
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