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Abierto de Australia 2023: El gran Djokovic vio un metro más tarde | deportados

Abierto de Australia 2023: El gran Djokovic vio un metro más tarde |  deportados

No ha transcurrido ni un juego cuando Andrei Rublev, tenista de notables formas pero de mente demasiado quebradiza, ya ha mirado un par de veces su banquillo porque el diablillo que tiene dentro le presiona con el tridente y el que tiene enfrente todavía más. No han pasado ni 35 minutos de partido ruso cuando el, con tendencia a la dispersión, un explosivo cóctel de emociones al que trata de apaciguar y elevar desde 2016 el español Fernando Vicente, ya suda a chorros y sufre sin parar porque Novak Djokovic lo mueve de un lado a otro como si fuera un sonajero y va 1-5 por debajo. No marca el reloj ni 40 minutos cuando el moscovita ya ha perdido el primer parcial, resopla, se encoge de brazos y siente que le ha pasado por encima de una locomotora a la que nadie consigue ponerle freno estos días en Melbourne.

Esté mejor o peor, con el muslo izquierdo más o menos restablecido, el serbio (6-1, 6-2 y 6-4, in 2h 03m) sigue dando bocados a este torneo qu’a tenor de lo visto hasta ahora invita hacia dirección sola. Rafael Nadal tiene un lado desde la semana pasada, magullado, Nole progresa y despacha a los rivales con una determinación supina que le sitúa ahora a solo dos peldaños de su 22º grande. En la secuela, la estación se reunirá con el estadounidense Tommy Paul, que o mucho cambia la historia o enfilará la misma puerta por la que han ido saliendo en proceso Carballés, Couacaud, Dimitrov, De Miñaur y Rublev. Este último puede poco más que hacerle algunas cosquillas y también se inclinó; se tapa con la toalla cuando ceda el Romper para el 5-2 de la segunda manga y maldice en su idioma natal. Sabe sentenció. Todo parece conducir a Djokovic, por acabar en combustión.

If in los dos compromisos previos ya había ofrecido un salto de nivel, en este último da otra vuelta de tuca. Sucede en una noche deviento, humid y alaridos. El de Moscú desesperado y estalla, mientras él aúlla y clava una mirada perforadora en su entrenador, Goran Ivanisevic, que asiente pero no entiende nada; todo va sobre ruedas pero Djokovic aspiró a más, a la perfección en todos y cada uno de sus golpes, maniobras y decisiones, así que le hierve la sangre cuando devuelve mal un reves y saca la anilla de la granada. En este caso magnifica señal. Tras la versión taciturna de las primeras rondas y la creciente mostrada después, el tenis y la actitud de este miércoles confirman la recuperación de la más apabullante. Es Nole en toda su expresión, elástica, dañina en cada tiro y febril.

«Los días libres están siendo muy distintos a lo habitual, porque estoy más conectado a las máquinas qu’a cualquier persona con el fin de recuperarme y estar preparado para competir», exponen el de Belgrade, que aterrizará en la penúltima ronda del torneo apoyado en un doble dato abrumador: no se ha perdido nunca en dicha escalada y asistirá el viernes después de haber igualado la secuencia histórica de victorias del estadounidense Andre Agassi (26) en Melbourne.

Sus sus décimas semifinales en Australia, donde las dudas y el suspense derivado de la pierna (todavía vendada) empiezan a disiparse de verdad. Hay un ligero gesto al cargar el apoyo en ese lado izquierdo al principio, unos estiramientos después, pero nada más. No se nota, al menos. El serbio expands a la hora de la verdad, remacha una actuación soberbia y en su horizonte divisa al primerizo Paul, con el que nunca se ha cruzado. Juega sin complejos el estadounidense, sin freno de mano. Pero le hará falta más. Mucho más. Neutralizado su compatriota Ben Shelton (7-6(6), 6-3, 5-7 y 6-4), tiene un reto colosal en su primer baile con Djokovic, que si al trantrán ya daba miedo, en este modo mecánico aún Más. En esta recta final de Australia, pocos interrogantes y muchas certezas. El misterio de la venta ya es menos misterio.

Si, Djokovic ya está aquí otra vez.

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Por Alejandro Salas

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