Sus buenos tiempos para Luis Gusman. En febrero se cumplieron 50 años (¡medio siglo!) de la publicación de El fresco, su primer libro; novela rara, disruptiva, que llevaba prólogo de su gran amigo Ricardo Piglia y que agotó varias ediciones en los primeros meses de aquellos ya remotos años 70.
Algo inimaginable para esta epoca: un libro experimental, de vanguardia, un libro perturbador que va de mano en mano y compite a los grandes vendedores de los años setenta. Luego el libro seria prohibido por la dictadura, en 1977, y volvería a circular en democracia, ya en otro paisaje cultural, con nuevos y distintos lectores.
Para la fecha redonda, Edhasa sacó ahora una edición conmemorativa con prólogo de Leonora Djament. Además, se publicaron sus Cuentos elegidoscon prólogo de Martín Kohan. Pero no todo es retrospectiva ni festejar el paso del tiempo. Gusmán acaba de publicar también una nueva novela: No quiero decirte adiós.
En este contexto, el sábado a la noche, en la Feria del Libro, se llevó adelante una actividad con el autor. Celebremos a Luis Gusmán. Así se llamó la mesa en cuestión y sí: hay cosas por celebrar.
Dos dias despues de las palabras inaugurales de Martín Kohanthe Feria ya funciona a pleno, aunque es inteligente que es una máquina que se enciende de a poco: los mejores fines de semana son los últimos.
La gente, sin embargo, se acercó a la Sala Adolfo Bioy Casares y la llenó, donde un Luis Gusmánvestido con campera de cuero (la proverbial elegancia de Gusmánmezcla de tanguero y actor italiano), uno mayor de 79 años, sentí en el centro de sus interlocutores y la charla arrancó.
El recuerdo de su generacion
Luego de las palabras de apertura del editor de Edhasa, Fernando Fagnani, leyó un texto Sergio Wolf, cineasta y crítico cultural. Wolf trazó el recorrido de Walensky, un personaje que se está metamorfoseando en muchos de los libros de Gusmánque sale y vuelve a parecer y que llega hasta este último, que Wolf desmenuzó en detalle.
También se refirió a su territorio literario: “Más que un lejano oeste, lo de Gusmán es un lejano sur. Un territorio donde las batallas están perdidas de antemano”. También apuntó que “no hay nostalgia en las novelas de Gusmán. No haberla puede. Siempre un tiempo convive con otro”.
Luego llego el turno de annick louis, reseña académica Afincada en Francia (vino especialmente para esto, le comentaba alguien a otro, en voz baja, en la platea). En primera persona, Louis contó las dos lecturas que hizo de El fresco.
La primera, en 1988, en el marco de un seminario de Beatriz Sarlo en la Facultad de Letras de la UBA. La segunda, ahora, para los 50 años del libro. «My recuerdo de la primera lectura -dijo- es la del terror descontrolado que emanaba el texto. Al mismo tiempo tenía un rechazo anterior hacia la literatura de Gusman, antes de leerlo, por el hecho de que él fuera analista. Le tenía temor a cierto esquematismo que pudiera encontrar ahí».
Por supuesto, el libro la deslumbró. “Lo que es capital en la novela –siguió– es el uso del presente narrativo. El presentse es un instrumental usado allí contra el realismo clásico: hace que no se pueda decir si la novela es realista o no». Y al final, concluyó: «El fresco es un ejercicio de inmersión muy particular. Es un libro que te devora, para que nos ensuciemos”.
La tocaría entonces el turno a Luis Gusmán, el célebre autor de la noche. Agradeció a los presentes por haber acercado (entre las presencias estaban los editores Víctor Malumián de Godot, Maximiliano Crespi de 17grises y su amigo, el psicoanalista y ensayista Jorge Jinkis.
También estaba su hija y representantes de dos y hasta tres generaciones) y pidió perdón porque iba a leer, en un gesto que repite siempre en todas las mesas: el que lee pide disculpas y dice que va a ser breve.
En un texto emotivo y de buen ritmo, Gusmán fue hilando el recorrido de la escritura de muchos de sus libros. Contó cómo compuso El frescoPor supuesto, pero también cómo los dos libros que aparecieron después fueron una reacción a esta novela que tuvo una circulación comercial sorprendente y que tardó tres años en conseguir que le publicaran.
hablo de el corazon de juniohablo de Villaclasico sobre la dictadura y libro muy vindicado por Martín Kohan además palabras inaugurales de la Feria. “Escribo leyendo y leo escribiendo”, dijo, y de ese modo su recorrido literario estuvo regado de citas, algunas preciosas, como esta de Mansilla: “Todo escritor tiene una palabra favoriteita que a la larga lo traiciona”.
También se comprometen sus amigos, de su generación. De Piglia, de Osvaldo Lamborghini, de Ricardo Zelarayán, de Oscar Masotta. «Algunos están presentes, otros están en el callejón de la memoria», cerrado, y muchos contuvieron el aliento de la emoción.
Una hora después de que los micrófonos se cendieran, el cierre de rigor: aplausos, abrazos al autor, firma de ejemplares y sucio a la noche cálida y abarrotada de Plaza Italia.
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