“Algunas personas piensan que yo soy Cometierra; otras, que tiene una existencia real y la conozco. Con veces se olvidan de mi número y me paran por cualquier lado: ‘¡Cometierra!’, me gritan. También me preguntan por la vidente, porque la necesitan para resolver algún problema. Eso es difícil. Porque ahí atrás viene generalmente la historia de una mujer desaparecida”.
Esto cuenta la escritora Dolores Reyes, que modificó que el número de su primer libro, Cometierra (Sigilo, 2019) –sobre una chica con el don de saber dónde están las personas, incluso víctimas de femicidios, a las que buscan sus seres queridos– trascendiera al suyo. Ahora su nueva novela, miseria (Alfagara), va por la segunda edición, un poco de haber salido a la calle. Del 6 al 19 de mayo se presenta en la Feria del Libro.
«Es una locura», dice la autora, que cuenta con reconocimiento internacional y fue traducida a doce idiomas. “Estoy muy contenta, me llega una gran cantidad de comentarios de miseriame escribe gente que lo leyó para dar su devolución”, cuenta.
Reyes, que es madre de siete hijos, nació y vive actualmente en la zona Oeste de la Provincia de Buenos Aires, dice que el proceso de publicación de este libro es muy distinto al primero: «Cuando salió Cometierra pensé que lo iba a leer algún familiar, no mucho más. Sentía que no había nadie esperando, que nadie me conocía. Y después fue imparable”.
Tantas pasiones despertó su título anterior que los libreros recibieron consultas de lectores fanáticos preguntando cuándo se publicaría la continuación. Y el furor continuó: junto a las imparables ventilaciones y la gran repercusión, miseriaapenas al inicio de su recorrido, ya fue traducida a tres idiomas. Dice que comenzó a pensar en esta nueva historia “prácticamente” después de haber terminado de escribir la anterior.
«Primero armo pequeñas escenitas que se me van ocurriendo y las escribo. Estaba con muchas ganas de hacer una novela a dos voces, pero hasta que se encuentra el tono, por dónde se va aire, a veces pasa un tiempo».
–¿Sabías que las voces iban a ser las de las dos chicas?
–Sí, quería que fueran las de Miseria y Cometierra, aunque no sabía si podría lograrlo, o si tuviera que volver atrás y reescribir todo de alguna otra manera. El primer tiempo costó, porque además son chicas que son más o menos de la misma edad, mismo sociolecto y con características similares. Entonces era todo un defio ver si funcionarían las dos voces.
Ahora siento que si; en realidad el tono de Cometierra ya lo tenía absolutamente masticado y elaborado, tuve que salir al encuentro de Miseria, que en la primera novela es un personaje realmente periférico y aparece casi al final.
Tenía ese pedacito suyo con una chispita hermosa, que me encantaba, y ese enamoramiento dio como resultado la decisión de que era la coprotagonista de la segunda parte, pero tuve que familiarizarme absolutamente con ella en este nuevo libro, encontrarle un tono, una voz y una forma de habitar el mundo.
–¿Se creó ese encuentro con un camino para seguir escribiendo?
–Pienso que la escritura es algo que nunca se tiene del todo, en el momento en que pienso que la tengo ganada me tiene que preocupar, porque no es un momento de comodidad. Yo porque la literatura en sí es un lugar de búsqueda, experimentación e incomodidad; un reto constante.
No solo al principio cuando nace la novela y uno va buscando personajes, voces, tonos, sino que todo el tiempo uno se está probando. Sale un libro y se van chequeando los primeros lectores, al menos yo lo hago así. Cada uno tiene su forma particular de aproximarse, a mí personalmente me gustan las devoluciones amorosas que hacen.
Siento que no es algo ganado ni mucho menos, voy viendo y buscando. En cuanto a la continuidad de esta historia, mientras la siga viendo y siga funcionando y no sea muy forzado.
No voy a adelantar nada pero puedo decir que no voy a repetir la estructura de ninguna de las dos. Sí estoy escribiendo algo que me está gustando, está súper incipiente y es otra cosa, otro personaje. Estoy en esa fase inicial de empezar a armar escenas que me gustan mucho. Se me van cruzando y no hay que dejarlas pasar, las aprovecho y las escribo.
–¿Y qué te pasa cuando te confunden con el personaje Cometierra?
–Al principio me pareció tan hilarante que me preguntaron si yo tenía el don de la videncia, como si de alguna forma la novela fuera autobiográfica, como si fuera yo o si conociera a esa vidente puntual. Me pareció increíble. De entrada lo llevé para el lado del don de la escritura, muy inocentemente.
Mis amigas me decían: «No, te están preguntando por la vidente». Y eso que podía ser gracioso después era espantoso, porque detrás de cada una de esas preguntas venía la historia de alguien que faltaba hace mucho tiempo, de quien nunca se supo más nada, y por supuesto la justicia ya no investiga.
Entonces por un lado hay un familiar, un ser querido perdido y por otro alguien que está ahí con una herida abierta buscando a esa persona. También paran otras chicas, lectoras, en la Feria del Libro me sucedieron puntualmente con el caso de Lola Chomnalez.
Y a mí me pasan un montón de cosas, no soy indiferente, estas novelas se hacen desde el dolor común de esas pérdidas. Escucho a la persona que está hablando y trato de estar ahí unos minutos, de acompañar como se puede, porque quién puede mitigar ese dolor.
Cruce con la realidad
“No tengo visiones, no como tierra, no tengo la posibilidad de encontrar a las personas ni a los asesinos que están impunes, ni mucho menos, pero tengo la perspectiva del personaje”, dice Reyes. «Sé del dolor enorme que eso significa, pero en la medida que se un ser humano acotado, con mis posibilidades reducidas».
Considerado que escuchar a quienes se acercan a ella a contar acerca de sus seres queridos que no están formados parte del «cruce de estos dos libros con la realidad».
La escritora, que además es docente, comenzó a trabajar en su segundo libro colgante la cuarentena por la pandemia, con más tiempo para escribir de la suspensión de eventos y presentaciones de su primer libro.
El encierro, sin embargo, le dificultó la tarea en algunos aspectos: «Es una novela que tiene mucho que ver con el afuera, con el deambular por las zonas donde transcurre, con el encontrar los carteles de las chicas muertas», relata, acerca de uno de los elementos de la realidad qu’tomó para construir su relato, que transcurre en gran medida en los escenarios ubicados cerca del límite que separaba la Capital de la Provincia de Buenos Aires.
«Vivimos en el Conurbano», responde, consultó acerca del componente fantástico de sus libros, que se traslada hacia ella cuando le preguntan por su supuesto don de la videncia, confundiéndola con Cometierra.
“Cuando era chica antes de llevarme al médico me llevaban al curandero a que me curara el empacho o la culebrilla, eso sigue funcionando hasta hoy. No es que uno va a tratarse un cáncer con un curandero, pero está el mal de ojo en los bebés, o en los adultos, que causa dolores de cabeza. Mis directores de escuela consultan a alguien que sepa curar el empacho y el ojeo. Entonces no es tan del fantástico”, consideró.
“Dónde terminó la realidad y dónde empieza el fantástico es bastante cuestionable. Vivimos en un Estado en el que el presidente tiene que ser católico; se habla de una mujer que parió a Jesús y permaneció virgen, ciertos discursos que se dan como absolutamente verdaderos desde nuestra educación estatal no son mucho más verosímiles que Cometierra. Se podría decir que están al mismo nivel”.
–¿Se distingue la recepción del libro entre aquellos menos lectores acostumbrados a la cura del empacho y el ojeo?
–Sí, estoy encantada. Me contaban que tenian que buscar en la web algunas cosas. La novela me parece que tiene eso, el universo de la magia en un sentido muy amplio. Está conoció la magia de la creación, de dar vida.
Hay muchas cosas ahí de los vínculos humanos, una serie de universales que hasta para el más escéptico conmueven y atraviesan. La relación de hermanos, la de una amistad tan fuerte. Tenía ganas de escribir una novela en que la amistad fuera absolutamente central.
Un libro entero no me alcanzó para mostrar la relación entre los dos protagonistas. Hay un montón de cosas que más allá de este punto de la magia llegan a los lectores de todos lados.
–¿Las chicas de las escuelas que visitarás te comentarán algo en especial?
–Muchisimo. Están muy atravesadas. De alguna forma yo siento que contar esas experiencias ha generado que muchas mujeres, muchos adolescentes pueden empezar a contar otras, que todavía en nosotros funcionan la vergüenza, el silenciamiento y cierta culpa. Cuando esto se empieza a bordar esas narraciones salen.
Me han pasado incluso papeles en privado. Ahí pienso «qué hago, es muchísimo». Me abuso cuentan, cosas que vivieron en silencio y por primera vez se animan a transitar. Relatos de mamás que fueron víctimas de femicidio ya ellas las criaron diciendo «no ablemos de eso porque es muy triste» y en algún momento sintieron la necesidad de descubrir a esa mamá. Es movedor, es hermoso. Y fuerte, porque una es un ser humano y hace lo que puede.
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