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«No tengo miedo a la muerte»

«No tengo miedo a la muerte»

*Con motivo de la muerte de Enrique Symns, Cultura Clarín reproduzco una entrevista inédita, realizada por el periodista Walter Lezcano los principios de 2019 por la publicación del libro «Fantasmas de luz. Crónicas malditas de márgenes y fronteras».

El legendario escritor y periodista Enrique Symns está vivo. Luego de transitar durante dos años por pensiones baratas de Constitución hace unas semanas que habita un departamento en el barrio de Once que consiguió gracias a sus amigos. No fue fácil llegar hasta él porque su to be existencial es caótico como excelente su prosa.

Creador de revistas míticas y contraculturales como Cerdos & Peces y The Clinic, así como del guión de Los Redonditos de Ricota para ofrecer sus monólogos disruptivos y devastadores en los ochenta.

El siglo XXI lo encontró viviendo en distintos lugares del país (con una temporada en Santiago de Chile) y escribiendo para algunos medios mientras recibía una pensión de escritores que le otorgó el gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

"fantasías de luz"por Enrique Symns (Sudamericana, $4,699 impresión; $1,634 ebook).


«Fantasmas de luz», de Enrique Symns (Sudamericana, $4.699 papel; $1.634 ebook).

Ahora acaba de publicar, gracias al trabajo cuidado y la edición del periodista Rodolfo Palacios, una nueva obra: Fantasías de luz. Crónicas malditas de márgenes y fronteras (Sudamericano). Un libro en el que reúne textos dispersos por distintos medios periodísticos donde recorre, con su mirada cáustica y ya icónica, espacios geográficos (Villa Soldati, Mar del Platas, San Telmo, Chile), repasa sin piedad parte de su vida (la infancia, la adolescencia, la adultez más furiosa) y mira de frente a su relación con las drogas.

Además suma inéditos de ficción donde conjugar oraciones inesperadas con una poesía que busca la belleza y la comprensión de este momento que le toca vivir. Escucharlo es encontrar una parte aventurera y emocionante de la vida cotidiana que parece vedada para la mayoría de las personas. Habla el señor de los venenos.

–¿Cómo estás, Enrique?

– Estoy muy mal, muy enfermo. Diabetes Tengo, me operaron de la próstata así que me quedé sin sexo, no puedo caminar, puedo comer muy poco, no tengo plata porque soy pobre. Este departamento me lo alquilaron mis amigos hace unas semanas. Vivía en un hotel de cuarta ahí en Constitución, con arañas enormes, cucarachas y pulgas. Hace ya dos años que vivo en pensiones baratas. Y me hizo mal. Me hizo mal porque yo me lo buscó.

–¿Te lo buscaste?

–Yo creo que sí. Por el maltrato con los periodistas. Mi manera de ser sincera a ultranza, de cir lo que pienso sea quien sea que esté frente a mí. Me gané muchos enemigos. Y por otro lado no será tan bueno lo que escriba.

–Bueno, acabás de sacar un libro para una editorial mayoritaria.

– No te voy a decir lo que son. Por ejemplo, me cambiaron el título: se llamó «Fantasmas de la luz» y no «Fantasmas de luz». Cambia. Me censuraron un cuento que se llamaba Caperucito, esa era cuando a mí me violaron de chico. Me lo censuraron porque les parecía muy erótico. Yo contaba muchas cosas que me pasaban ahí en ese momento.

Síntomas : "Creo en los fantasmas".


Symnos: «Crear en las fantasías».

–¿Cómo surge el libro?

–Es todo gracias a Rodolfo Palacios. Es una compilación que él ha hecho de materiales no publicados y algunos que ya salieron. Así se arma el libro. Se lama así porque yo creo en los fantasmas y estoy seguro que viven en la luz, no viven en las sombras.

Está en todo lo que vemos. Por ejemplo, tu sos una fantasía. Los ojos son ciegos ante eso. Porque los fantasmas no tienen olor, ni materialidad ni nada. El agua, como decía Heidegger, es aquello con lo que me lavo las manos, no el H2O. Hay qu’aprender a mirar.

–¿Qué significa para vos a esta altura de tu vida y con tu recorrido sacar un libro?

–Nada, no significa nada. Me importó muy poco. Lo que sí me importa ahora es la muerte porque sé que está cerca. Hay algunos que lo llevaron muy bien eso. Borges no se como habra hecho. Seguro que esperó la muerte leyendo pero a mí ya no me gusta leer.

Leí tantos libros que ya lo único que hago es leer y además hasta eso me cuesta porque ando mal de la vista por la diabetes. La pérdida de la memoria es otra de las cosas que me molestan.

–¿Sentís que a lo largo de tu vida te acercaste a la muerte muchas veces?

–Cuando uno es joven no le tiene miedo a la muerte, le tiene miedo al dolor. Una vez me dijo Fito Páez: saber que te vas a morir es estar despidiéndote todos los días. Me impresionó esa frase porque era muy joven cuando me lo dijo. Pero yo no le tenia miedo a la muerte ni se lo tengo ahora.

Es un cierto temor a la desaparición definitiva. La posibilidad de no haber existido nunca. Porque dejar de existir es un poco eso. Es mentira el pasado, San Martín, el busto de Roca, Shakespeare, bueno, no existe más nada de eso. Y llegará un día en el cosmos en el que explotará todo. O sea que nunca existió este universo.

–Ahora estás en Nervio, el proyecto periodístico de Andrés Calamaro.

– Calamaro me encanta, es una buena persona. Al principio no me gustó el. Era mi antipatia natural que tengo por todos los rockeros. Después lo conocí y me pareció una persona muy noble, muy inteligente, muy aguda y muy buena.

En Nervio escribió un par de notas y firme. También voy a escribir para Orsai, de Hernán Casciari, una nota sobre el Indio Solari. Porque todavía me joden y preguntan sobre Los Redondos y la Cerdos & Peces. Los dos karmas de mi vida. Porque para mí lo demás es mayor. Son mejor las novelas que escribieron. Pero tengo que reconocer que Cerdos & Peces era una revista que tenía lo suyo.

–¿No te parce que marcaste a generaciones con el estilo de periodismo de Cerdos & Peces?

–Sí, lo sé y cuando lo hacíamos era todo a propósito. Queríamos destruir la moral pública. Tocábamos temas prohibidos por los cuales hoy en día iríamos presos. Hasta Robert Crumb iría preso hoy si empezara con sus dibujos e historietas. Freud en cuanto moral es el miedo a las perversiones.

Estábamos a favor del exceso en todas sus maneras. Nuestras ambigüedades. Yo ahora me doy cuenta que uno con la juventud enardece la locura y cuando es viejo la apaga. El mundo siempre avanza y retrocede. En realidad avanza siempre pero hacia donde quiere ir. Nada duró nada. Siempre gana el enemigo, siempre gana la trampa.

–Es interesante que el tuyo sea un periodista que nunca pasaste por las instituciones educativas tradicionales.

–Yo en España huí ladrón de pistola. Robábamos de todos: casas, bancos, joyerías, autos. Y un mexicano me dijo de escribir un libro sobrio la represion sexual pendante el franquismo. Lo hice y les pareció bárbaro, increíble. Fue un libro que no firmé pero me pagó.

Y desde ahí empecé a escribir cosas muy jodidas. Y cuando volví a la Argentina me agarró el jefe de redacción de Clarín de ese momento y me dijo que yo era un gran escritor. Me lo creí porque era cierto. Ahí empecé con el periodismo en la revista Pan caliente.

–Y a vos te descubre Poli para trabajar en Los Redondos.

–Empecé a hacer programas pornográficos antes de que subieran a tocar. Siempre me gustó la pornografía, como Robert Crumb, Picasso y Alberto Laiseca

–¿Pudiste recomponer tu relación con el Indio Solari luego de la enemistad de lo que pasó con Walter Bulacio?

–A Bulacio lo mataron. Y yo le escribí una carta al Indio que me respondió a través de Calamaro, pero yo digo que eso no es una reconciliación.

–Es extraño porque todo esto lo hiciste de grande cuando mucha gente busca la estabilidad.

–Yo siempre tuve la sensación de que atravesé varias vidas. Ahora se me acabó: esta es la última.

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