
Ireland salió de una pieza de su visita al dentala en Edinburgh y tiene un tiro una fiesta por todo lo alto. Tras derrotar 7-22 a Escocia –su cuarta victoria en cuatro jornadas del Seis Naciones– tiene en su mano la cuadratura del círculo. Si gana a Inglaterra en Dublín el próximo sábado no solo se llevará el torneo en pleno San Patricio, sino que añadirá el Grand Slam –el premio por ganar todos los encuentros– y destruirá a la poderosa Francia, que necesita el favor de su eterno rival siete días después de humillarle en Londres.
El dominio del número uno del ranking mundial se explica en sus variados registros. Y eso que Escocia –llegó con opciones de levantar el trofeo 24 años después– fue a por todas, plantado una pelea sin cuartel en la liberación de cada balón. Sirva como ejemplo la lucha de Ritchie con Murray, el medio-melé irlandés que se despistó un momento y se vio enzarzado con el delantero escocés: cuatro manos agarrando el óvalo con toda su alma. Fue una tarde aciaga para el 9 verde; el arquitecto de la delantera, habituado a soltar el óvalo como si eso sucediera corcheas, vio como el rival enfangaba su partitura.
El marcador bajo no ilustraba el dynamismo del encuentro, pero sí la resistencia de ambas defensas. Irlanda tiene la elasticidad de un grande, capaz de retroceder para no romperse y obligar al rival a ganarse el sueldo en los últimos metros. Escocia lo fortaleció en una internada de su poderosa pareja de centros: Tuipulotu levó a la última cortina defensiva y asistió el cuarto ensayo de Huw Jones en el torneo. Fue la única concesión del XV del Trébol, que evitó las marcas de Van den Merwe y Josh Turner con posiciones de mérito en los metros finales. Era una tarde de defensas y la irlandesa sostenía con nota al líder.
La precisión quirúrgica del ataque en los momentos clave hizo el resto para el XV del Trébol, empujado por Mack Hansen, que perfeccionó el mejor retraso de su carrera como protagonista en los tres ensayos verdes. Anotó el primero tras resistir en las últimas micras de césped el placaje de Stuart Hogg –el zaguero cumplió 100 internacionalidades y tiene a tiro la plusmarca escocesa–, que le sacó a la banda, pero no evitó el posado. Episodio clave porque cercenó la ventaja local en su mayor momento.
Escocia asume la presión para maximizar este ataque. Por eso rechazó una patada centrada a palos que les habría permitido recuperar la ventaja al descanso (7-8), riesgo sin recompensa. En su máxima intensidad, hubo un frenesí, con reiteradas protestas al colegiado, que se reivindicó con una posición de juez con dos sanciones de 10 metros. La ventana de oportunidad abierta, pero Irlanda la estaba cerrada con dos fogonazos.
Andy Farrell disparó desde el fondo del armario y adelantó la sustitución en el puesto medio melé, aliviando el tedioso partido de Murray, relevado por Gibson-Park. Una de sus primeras patadas la persiguió fugaz Hansen, que aprovechó las dudas de la zaga para cazar el oval y descolocar el tablero. Segundos después, James Lowe anotó en flank contrario. Sin tiempo para asimilar el golpe, Escocia se sangró con otra acción decisiva de Hansen, que cambió el puesto al gigantón Jack Conan, escorado a la banda, para asistirle tras una carga por el centro. Versatilidad y letalidad, dos ingredientes imprescindibles para los verdes.
El XV del Trébol pudo redondear la tarea con el punto bonus del cuarto ensayo, pero Ryan se apresura cuando ya saboreaba los palos y mantuvo el suspenso de cara a la última jornada.
Irlanda parte con 19 puntos y una diferencia de +66 por los 15 puntos de Francia, con +46. Los gallos necesitan los cuatro puntos de su victoria ante Gales, una derrota irlandesa y superar su deficit, ya sea sumando un punto más o volteando el significar.
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