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«No hay nada más amenazante que algo extraño en lo familiar»

«No hay nada más amenazante que algo extraño en lo familiar»

Samanta Schweblin lo volvi a hacer. Como sucede cuando nuestra entregamos a alguno de sus relatos, aunque no la conozcamos demasiado ni hayamos entrado en confianza, ella, la chica que se crió en Hurlingham y hoy vive en Berlín, se pone a tejer una cierta intimidad. Eso preocupó y tensó la atención.

Lo hizo con las más de 300 personas que el miércoles abarrotaron el anfiteatro de la Casa de América de Madrid para escuchar a la escritora que aún premio nacional del libro saborea el último, uno de los premios más notables de la literatura en inglés y de mayor prestigio en Estados Unidos.

Se lo otorgaron a finales del año pasado por la traducción que la estadounidense Megan McDowell hizo de su libro de cuentos Siete casas vacas.

En Madrid, Schweblin contó que de chica amaba las antologías, que es de leer lento, que mientras lee interpela todo el tiempo. «Como lectora, me interesa mucho mi propio estado de atención», fueron sus palabras.

Y hasta confesó: «No sé si sé escribir novelas». Aunque ya cuenta con dos: Distancia de rescate allá kentuki.

“Scribir, par mí, es sobre todo un ejercicio de distancia, de pensarse desde afuera, aunque sea un ejercicio casi imposible”le confiará a par de días después de la charla en Madrid tiene Cultura Clarín.

En Casa de América contó que no había cumplido los diez -nació en 1978- cuando el seguro sabía que mamá no tenía hijos. Y que le fascinaba el modo en el que se conmovía su abuelo cuando los sábados, en su taller de grabado, leía a Alfonsina Storni oa Gabriela Mistral. “Leia fatal pero estaba conmocionada. Yo lo veía y esperaba que no sabía lo que le pasaba pero quería que me pasara lo mismo”.

Más de 300 personalidades fueron creadas por Samanta Schweblin en Casa de América.  Foto gentileza Casa de América.


Más de 300 personalidades fueron creadas por Samanta Schweblin en Casa de América. Foto gentileza Casa de América.

Sobrio el escenario, en diálogo con Javier Rodríguez Marcosde Babelia, el suplemento cultural del diario El Paisacompañado por el editor español, Juan Casamayorde Páginas de Espuma, la escritora argentina defendió el valor de los talleres de escritura y rechazado el término «boom» para definir la fecundidad de voces femeninas que vie la literatura latinoamericana hoy.

«Aprende a escribir. Hay trucos, experiencias, miles de teorías. Todos los hilos posibles. Hay maneras de aprender a leerte à vos mismo -dijo-. Desde 2008 doy talleres. Y los tomo. A los 17 años empecé a hacer talleres!.

“Lo más difícil de prender es lo que está diciendo tu texto -subrayó Schweblin-. Quizá lo que no se podría aprender es a tener una visión particular y única del mundo que se está contando. With los tallistas necesitan pulir las herramientas hasta encontrar esa mirada propia que es algo tan natural en vos, que a veces te parece lo menos interesante.

Samanta Schweblin ha dicho que respetuosamente quiere que se entienda que tiene éxito con sus escritores latinoamericanos: «No, it’s a boom. Esto no es un boom como el latinoamericano que lo fue, sobre todo, de ventas -afirmó-. Esto es lo que escribe la otra mitad de la Humanidad».

“Entró una literatura que antes era una minoría. Y cualquier mínima que entró en canon es como un baldazo de agua fresca. Es una literatura que tiene el poder de los que llegan con cosas para decir que no se estaban diciendo”, definió.

Cuando algo extraño sucede

«No entiendo el realismo, la normalidad, lo común. Lo interesante sucede por fuera. No sólo en el mundo literario. También en la realidad»dijo Schweblin frente a público que la escuchó en silencio y que incluyó al embajador argentino en España, Ricardo Alfonsín.

«El terreno de lo extraño, de lo que es posible pero no sucede tan asiduamente, florece en mí en particular»dijo.

Y contó Samanta que Siete casas vacas fue el libro que pudo escribir un año después de haberse mudado a Berlin.

“No se trata de casas, pero en todos los cuentos hay cajas, gente mudándose, ropa tirada… Este estar desubicado en los lugares que te destinaron”, reflexionó.

“Estos personajes, para poder encontrar soluciones, para poder encontrar su propia locura, su propia flexibilidad, tienen que salir de esas casas, salir de la norma”, dijo.

Samanta Schweblin recibió el Premio Nacional del Libro en 2022 por su libro Siete casas vacías.  Foto gentileza Casa de América


Samanta Schweblin recibió el Premio Nacional del Libro en 2022 por su libro Siete casas vacías. Foto gentileza Casa de América

-Dijiste que era como «Estar desubicado en los lugares que te destinaron». Ese estar corrido de lugar, ¿aguza la mirada o la entorpece?

-Durante el proceso de escritura, no eres consciente de la coincidencia de todos esos objetos en mis cuentos. Lo vi sólo a través de la lectura de los otros, una vez que el libro se publicó, y entonces pensó: «Claro, qué obviedad, si yo misma estuve de mudanza en mudanza en los últimos años, incluso lidiando con ropa y cajas perdidas «Because a tontería pero lo más difícil es vers a uno mismo, leerse a uno mismo. Escribir, para mí, es sobre todo un ejercicio de distancia, de pensarse desde afuera, ou se un ejercicio casi imposible.

-¿Por qué crees que los universos disfuncionales que crean son tan creíbles y atractivos para el lector?

-¿Suena disfuncional? A mí lo que me parece terriblemente disfuncional es la realidad en la que vivimos, y estas son siete historias donde los personajes lograron saltar la trampa de estas ideas preestablecidas que all tenemos acerca de qué es «lo normal» y «lo posible». Pero entiendo tu pregunta. Quizá haya tanta conexión con el lector porque haya sensación de cercanía con estos personajes. Todos están parados en una situación límite a nivel vital, y all decubren a su manera una nueva manera de pensar, o de interpretar, o de moverse en este mundo que los libera de esa presión. Creo que todos ponemos mucha atención en cualquier cosa que pueda dar pistas de cómo hacer estos saltos vitales en nuestras propias vidas. A mí, por lo menos, es algo que como lectora siempre me genera atención total en lo que estoy leyendo.

-Tus cuentos destilan un gusto por lo monstruoso en términos de vinculos. ¿Lo monstruoso está en la naturaleza de las relaciones o es la clave para crear tensión en tus relatos?

-Me encanta que traiga la palabra «monstruoso» cuando no hay nada realmente monstroso ni sobrenatural ni terrorífico en estos cuentos. Porque eso demuestra hasta qué punto funciona ese extrañamiento en el lector que los alemanes llaman lo «Umheimlich». Es decir, no hay nada más terrorífico o amenazante que encontrar algo extraño en el espacio de lo familiar, y en el espacio de lo real y de lo posible. Pero además, creo que es mi propia experiencia como lectora la que lleva a prestar tanta atención à que es lo que ocurre con la tensión qu’impone una historia y la atención del lector en cualquier instancia de lectura. Cuando yo mismo leo algo que me fascina, algo con lo que me siento conectado y, sobre todo, algo que siento que está en crisis, pero de cuya solución yo podría escuchar algo nuevo mí mismo o sobre lo que pienso sobre las cosas, entonces mi atención es absoluta.

-¿Y qué sucede cuando tu atención es absoluta?

-Cuando presto atención, todo mi sistema de verdaderos prejuicios está desactivado. Confío de pronto en el relato, me entrego, dejo de pensar, es casi como una rendición, y no sabría explicar por que, pero es también una suerte de lugar de descanso, un espacio en el que la mente, porque confía y se entrega , también relájate. Sea consciente de la contradicción: estoy diciendo que en la lectura, la tensión máxima me relaja, pero creo que hay algo en esto que es parte del truco y del disfrute, por eso me gusta pensarlo como un espacio de rendición.

-Durante la charla hiciste referencia a la casa como ese lugar rígido que nos ata a rutinas. ¿Cómo se relaciona esta idea de ese espacio con la intimidación y protección que sentimos de un modo tan particular sólo en casa?

– Flaubert decía: «Cuántos pesares para esta civilización, que insiste en dormir en casas cuando hemos sido creados para dormer boca arriba, mirando las estrellas». Me pregunto cuánto influye en nuestra vida, en nuestras decisiones, en los modos en los que vivimos y convivimos con los otros, estas casas de dimensiones tan rígidas en las que pasamos casi el día entero. Las casas nos protegen, sentimos que en ellas podemos cerrar los ojos y entregarnos al sueño seguros, son espacios donde podemos confiar en nuestra intimidad, nuestra desnudez, donde somos lo que somos cuando nadie nos está mirando. Pero también son espacios rígidos que nos encierran y nos aislan.

Madrid. Correspondiente

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Por Alejandro Salas

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