Jugar se parece a recrear el mundo. Y “jugar es realizar algo de acuerdo con nuestra tendencia personal.
La muestra «Lo cotidiano extraordinario» de María Silvia Corcuera, que expone en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (Macba) hasta finales de febrero, después de maravillar, refresca esa idea.
Lo hace no sólo porque entre más de 100 obras (entre ellas, un poncho «tejido» con cápsulas de café, tótems de telgopor y composiciones con círculos que contienen pedacitos de alas de mariposas, como secrets), exponen juguetes.
Como explicó la curadora Laura Casanovas, de una cita de la escritora Silvina Ocampo, “el arte y la infancia se encuentran en muchos puntos. Uno de ellos es el de la capacidad de transformar la realidad cuestionándola, expandiéndola».
Los juguetes de Corcuera son disparadores de sorpresa, lindísimos. Te llevan a la infancia pero, ojo, no se quedan en el lugar de recuperar la inocencia. Además de crear carts qu’transportan corazones recostados y puntiagudos edificios, la artista «pintó» con pegamento para aludir a los chicos de la calle y desarrollaron vestiditos con las costuras visibles, cuales cicatrices expuestas.
In la obra de Corcuera lo cotidiano se torna, efectivamente, tan extraordinario que hasta los juguetes preocupados. Es cierto que no lo hacen como «Manto», por ejemplo, otra pieza imperdible. La artista lo cosió en 2021, en plena pandemia del coronavirus, con barbijos pintados de negro. Frente a él, es como si viéramos la relación entre amenaza, protección y muerte por primera vez. Pero recorran las salas del Macba allí observan: más o menos escondido, el lobo está siempre.
JS

