Durante estos años, los archivos del novelista Thomas Pynchon han sido casi tan raros de ver como a él mismo.
Sólo sabe que hay pocas fotos confirmadas. Aunque esporádicamente aparecen a la venta cartas de Pichónlas que salieron has the surface in archivos de acceso público han tendido a esfumarse de la vista con igual rapidez tras las protestas del autor, famoso por la defensa de su privacidad.
Pero ahora la Biblioteca, Museo de Arte y Jardín Botánico Huntington de San Marino, estado de California, ha adquirido el archivo literario pynchon, prometiendo cobijar una ventana a la mente y los métodos de un autor cuyas novelas, densas, eruditas, juguetonamente posmodernas ya menudo larguísimas como El arco iris de gravedad (760 páginas) y contraluz (1.085) han inspirado estudios serios, devoción de culto y teorías conspirativas de ojos desorbitados.
El archivo incluye 48 cajas –21 metros lineales, en la jerga archivística– de material que de finales de la década de 1950 a la de 2020. Hay mecanuscritos y borradores de todos sus libros publicados, desde V (1963) hasta al limite (2013). Y hay copiosas notas de investigación sobre los muchos, muchos temas (cohetería de la Segunda Guerra Mundial, historia postal, agrimensura del siglo XVIII) que toca en sus novelas enciclopédicas.
Pero a pesar de toda esa riqueza, quienes esperen una visión más íntima del hombre que hizo dos veces un atrevido cameo en Los Simpsons con una bolsa de papel cubriendole la cabeza no pueden tener suerte.
El archivo incluye correspondencia relacionada con el proceso de publicación, según la biblioteca, pero no cartas privadas ni otro material personal.
Y no, no hay tampoco fotografías de Pynchon.
Toda una carrera
Karla Nielsen, curadora de colecciones literarias de la biblioteca, dijo que el archivo refleja cómo ha encarado su carrera Pynchon, que tiene hoy 85 años.
«A través de toda su vida ha hecho un verdadero esfuerzo para que el foco esté puesto en su obra», respondió Nielsen al preguntársele por las negociaciones con Pichón y su familia. «Eso es muy similar a cómo querían ellos el archivo».
Sentir Pichón as, la adquisición va acompañada de cierto olorcito a intriga. The Huntington Library, un algoritmo inusual para el anuncio de una importante adquisición, negó a proporcionar imágenes de los materiales. (Aunque menos inusual, también se negó a dar el precio de compra).
Las personas involucradas en la adquisición tampoco quisieron describir ningún artículo en particular, ni decir si hablaron directamente con Pychon. Tampoco quisieron confirmar antiguos rumores sobre su proceso de escritura (¿realmente escrito El arco iris de gravedad en papel cuadriculado?) ni decir cuando, si es que alguna vez lo hizo, Pichón –ex alumno de ingeniería y agudo observador de la tecnología quien también indicó que está bien ser ludita u opositor a la pérdida de trabajos por su avance–, abandonó la Olivetti Lettera 22 (que obtuvo una mención en Vicio propio) y empezó a utilizar un procesador de textos.
Huntington, una institución privada, tiene más de 11 millones de artículos en su colección, desde tesoros como una biblia de gutenberg y el First Folio de Shakespeare hasta fotografía contemporánea. En su fondo de literatura del siglo XX y contemporánea figuran entre otros los papeles de Hilary Mantel, Charles Bukowski, Eve Babitz y Octavia Butler.
La casa palaciega estilo Beaux Arts de la biblioteca, rodeada de exuberantes jardines, representa una California muy distinta de los sórdidos pueblos de surfers, las comunidades hippies y las extensas subdivisiones de las novelas de Pichón ambientadas en el estado.
La adquisición fue impulsada por Karla Nielsen, que ha escrito de diversas maneras al agente literario y se ha propuesto PichónMelanie Jackson, para esbozar la propuesta de Huntington.
Sí, Nielsen jugó la carta de California, destacando los amplios fondos de la biblioteca relacionados con ese estado. «Es lógico que su archivo venga a California», argumentó.
Karen Lawrence, presidenta de Huntington, y Sandra Brooke, directora de la biblioteca, también participaron del proyecto, que para Lawrence (estudiosa de james joyce) también junto a Mason y Dixonla divertida novela picaresca de Pichón de 1997 sobre los dos topógrafos que trazaron lo que convirtió en la demarcación entre el Norte y el Sur de EE.UU. (La biblioteca posee una copia original de su mapa).
El alcance y la profundidad de las colecciones de Huntington – que abarcan un significante patrimonio de historia americana e historia de la sciencia– «armonizan con el tipo de ficción compleja, casi epica, que escribe Pichón«, sostuvo Lawrence.
En un comunicado de prensa, Jackson Pynchon, hijo del escritora quien se describe a sí mismo como «compilador y representante del archivo», aludió al atractivo del acervo aeroespacial y matemático de Huntington, así como a «su extraordinaria colección de mapas».
«Cuando conocimos la envergadura y el rigor de los programas académicos independientes de Huntington y los recursos excepcionales que proporcionaron para la investigación académica en humanidades, estuvimos seguros de que el archivo Pichón había encontrado su sede», afirmó. (Contactada por correo electrónico, la familia declinó hacer más comentarios).
pichón, quien nació en Glen Cove, Nueva York, en 1937, nunca ha sido objeto de una biografía completa, tarea que podría dar a entender a los detectives más tenaces.
Quienes buscan información sobre la vida del novelista se han limitado en su mayoría a la introducción de Un aprendizaje lentoRecopilación de 1984 que repasa los relatos que escribió entre 1959 y 1964, y un puñado de recuerdos publicados de viejos amigos y ex amigos (como Jules Siegel, autor de un artículo de Playboy de 1977 titulado aproximadamente «¿Quién es Thomas Pynchon… y por qué se fugó con mi mujer?»).
Como expresa el escritor Boris Kachka en una minibiografía de 2013 publicada en revista nueva york: «Él ha dicho que quiere ‘mantener ocupados a los académicos Durante varias generaciones’, pero, privados de todo retazo de historia, los estudiosos de Pichón siete convertidos a acosadores«.
En 1998, la Biblioteca Morgan de Nueva York solicitó un fondo de más de 120 cartas escritas por Pynchon su primer agente, Candida Donadio, entre 1963 y 1982, período en el autor trasladado de México a California, de Texas a London, «Tratando de preservar su anonimato y su privacidad», según un artículo de Los New York Times que reveló la existencia de las cartas. pero cuando Pichón protestó, Morgan anunció que las cartas permanecerían selladas hasta después de su muerte.
En la actualidad hay una pequeña cantidad de material de Pichón accesible en archivos como el Centro Harry Ransom de la Universidad de Texas, que contiene bocetos y notas de un inconcluso musical titulado «Minstrel Island» (Isla Minstrel), que empezó un escribir con un amigo cuando estudiaba en la Universidad Cornell.
Y de vez en cuando vente al mercado algún material pynchoniano. El mes pasado, un pequeño archivo reunido por una crítica de El arco iris de gravedad –conformado por una única carta de Pynchon de 260 palabras– vendido por 18.000 dólares.
Tom Congalton, de Between the Covers Rare Books, quien venció ese material, comentó que en 35 años sólo había tenido en mano media docena de cartas de Pichón, la mayoría de las herencias de fallecidos corresponsales. «Creo que sus corresponsales vivos no quieren tentar su ira», opinó.
Es probable que la biblioteca de Huntington haya recibido un documento de solicitud de acceso al archivo Pichónque, de acuerdo con la institución, estará abierto a investigadores calificados tras su procesamiento, el cual, según estimación, demandará un año.
“El tipo de investigación que va a respaldar este archivo es de carácter académico, avanzado, de indagación literaria”, señaló Sandra Brooke. Y el archivo, agregado, «no para el observador casual».
«Lidiar con las novelas publicadas demande de por sí mucho tiempo», explicó. «Los borradores son todavía más complicados». Siempre que se permite el acceso a biógrafos y periodistas, la directora bibliotecaria declara: «Evaluamos todas las solicitudes caso por caso».
Brooke se negó a comentar si Pichón o sus sucesores tendrán algún papel en la aprobación del acceso, o en especificar qué partes del archivo podrían venderse hasta la muerte de Pichón, alegando que los términos del acuerdo de venta son privados. (Aunque autores y sucesores pueden denegar el permiso para citar materiales protegidos por derechos de autor, normalmente no conservan ningún derecho a determinar quién puede o no ver materiales una vez que están abiertos a la investigación).
Sandra Brooke insistió en lo que, en su opinión, era lo más importante: que «una parte realmente sustancial del archivo» iba a estar disponible en vida de Pychon.
Lo que el archivo revela –o no– en última instancia lo determinarán los investigadores. Pero Karla Nielsen observó que incluir un vistazo rápido permite hacerse una idea de la mecánica intrincada que subyace en la vertiginosa construcción de mundos de Pychon.
«Lo que me encanta de leer a Tomas Pynchon es que, a pesar de toda la densidad, sus novelas tienen gran rapidez», apuntó. «A veces te sentiste como en una montaña rusa.»
©El New York Times
Traducción: Román García Azcárate
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