
El mundo íntimo de Walter Mercado en su casa de San Juan, Puerto Rico, era un universo de tesoros que había comprado o recibido en sus viajes alrededor del mundo. El astrólogo puertorriqueño amasó una colección de anillos, colgantes y pulseras con piedras preciosas que no solo tenían valor estético y de mercado, sino que para él estaban cargadas de esas buenas vibraciones que fueron su investigación espiritual y que envió a sus millones de seguidores en Estados Unidos y América Latina.