artista argentino Agustín Woodgate (1981) hizo pinchar el piso de la galeria de arte barro (Caboto 531, Capital) hasta que, 6 metros abajo, encontré la primera napa de agua.
Entonces puso 8 tanques de pedestal sobrios convertirlos en monumentos al agua ya sus usos: desde La duquesa (doméstico) hasta tinto (agricultura) pasando por El fuego (emergencia) y El fútbol (es decir, cualquier cosa, todo).
Cada tanque esconde otro y entre ellos circula el agua que se extrae a 4 cuadras del riachueloemblema de contaminación. «La tubería está expuesta (…) El agua todavía no es potable; debe someterse a un proceso de desinfección y uno de remineralización para luego seguir otro de certificación», explicó la invitación a contrahorroresla muestra.
chorro es, además de una alusión al robo y al modo mas comun de ver agua en una ciudad, un cuadrito artesanal, con aires de roscadocolgado en la sala.
Sí chorro no es el primer trabajo sobre el agua de Woodgate, que vive entre Buenos Aires y Ámsterdam. Entre otras cosas, que sacuden conciencias -como un cajero que daba dolares lijados en la feria Frieze en 2021-, creado bebederos para los sin techo in Miami y uno en Crans-Montana, una de las zonas más secas de Suiza. La idea: ofrecer agua gratis mientras el glaciar del que llega tiene los años contado (a fin de este siglo desaparecería).
Esa obra, La fuente, que puede pispear en un corto de BienalOn fr YouTubefue otra forma de poner bajo la lupa infraestructuras, y cómo lidian (y no) con la Crisis ecológica.
“Ofrecer agua gratis ya es radical”, de Woodgate. Y a juzgar por las alertas (el consumir se triplicó en 50 años y se pronostica que la demanda mundial sufrirá un 55% en 2050, según la ONU), y mal de acceso (estima que 7 millones de argentinos no cuentan con agua segura) y el roca (una canilla que gotea pierde 46 litros al día), «lo será más todavía».
JS

