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Néstor Perlongher y una correspondencia para escuchar el detrás de su literatura política

Néstor Perlongher y una correspondencia para escuchar el detrás de su literatura política

De pronto estamos en 1972, barrio de Flores, en una casa señorial. ¿Qué se logra en este escenario? Hay cincuenta personas dispuestas a fundar en Argentina el Grupo de Estudio y Práctica Política Sexual.
Entre ellas hay alguien de 21 años y pelo largo hasta los hombros, más bien bajo, de cara redonda, de intensos ojos de mirada negra sobria una nariz que no se podía pasar por alto.

Lleva puestos unos culottes de corderoy patas de elefante y zapatos de plataforma. Está sentado con las piernas cruzadas. Cuando le toca hablar, descruza la pierna, se para y dice: “Be a militant of the Frente de Liberación Homosexual de la Argentina”. De nuevo: año 1972. Una imagen inolvidable.

es el poeta Néstor Perlongher –sus amistades lo llamaban la Rosa–, mucho antes de publicar su primer libro (Austria-Hungría de 1980, que salió por la editorial de Fogwill: Tierra baldía). Esa fue la primera vez que lo vio el escritor Osvaldo Baigorria.

"Un barroco de trinchera"correspondencia entre Néstor Perlongher y Osvaldo Baigorria, entre 1977 y 1986 (Blatt & Ríos, $2.990).


«Un barroco de trinchera», la correspondencia entre Néstor Perlongher y Osvaldo Baigorria, entre 1977 y 1986 (Blatt & Ríos, $2.990).

Ahora mismo, en este verano 2023, lo recuerda: “Me vienen a la memoria imágenes de los primeros y los últimos encuentros con él. andar desafiante todo un reclamo de visibilidad, presentándose como parte del Frente de Liberación Homosexual en tiempos en que los edictos policiales castigaban con penas de cárcel la ‘exhibición pública con ropas indecorosas’ y la ‘incitación al acto carnal'».

Suma: «Al final, en 1991, en su última visita a Argentina, Era el intelectual emigrado a Brasil que había desarrollado una obra poética increíble, además de escribir sobre prostitución masculina, experiencias con ayahuasca y minorías sexogenéricas. Ya padecía de sida y andaba con bastón. Moriría un año después en San Pablo”.

Tiempo después de ese primer flechazo –la amistad, por supuesto, es una forma suprema del amor– empezó entre Baigorria –que vivías en una comunidad hippie en Canadá– y Perlongher una correspondencia. Estos mensajes que viajaron de un país a otro acaban de publicarse bajo el nombre de Un barroco de trinchera. Tarjetas 1977-1986.

Néstor Perlongher tuvo una gran amistad con el escritor Osvaldo Baigorria.


Néstor Perlongher tuvo una gran amistad con el escritor Osvaldo Baigorria.

Y se trata de una correspondencia que puede leerse en varias claves: novela de intrigas (¿cómo vive un poeta en Argentina?), antropología cotidiana (¿de qué vive un poeta en Argentina?), foutín erótico (¿qué tipo de vida sexual lleva un poeta disidente en Argentina?) y exploración de un determinado campo cultural (¿qué factores influyen para que se instale la voz de un poeta en Argentina?).

La poesía y el ensayo de por más tiempo fueron uno de los proyectos estético-políticos más relevantes que tuvo la literatura de este país durante los años 80 porque intentó –y lo resolvió– para generar seducción y sensualidad del uso de las palabras y hacer volar por los aires la dicotomía significado/significante. Él pretendía –y lo conquistó– provocar una sensación física y epidérmica con una escritura.

Va un ejemplo al azar: «Y qué poca atención le prestamos/ dejándolas apeñuscarse/ hasta tomar una consistencia sombría en la naca/ de bleque, paredón,/ a las sutilezas siempre despreciando», de Riga. Era una cruzada: el cuerpo debe volver a ser una zona de place y goce.

El escritor Osvaldo Baigorria.


El escritor Osvaldo Baigorria.

La literatura, entonces, utilizada como máquina para combatir los efectos destructivos de la dictadura militar y la represión despiadada: la poesia debia servir para no olvidarse que la corporalidad podia habitar algo mas que la tortura y la desaparicion, las palabras podrían manipularse para recordar que existía un espacio para la gloria –y la belleza– sensorial.

El cubano Severo Sarduy lo llamó barroco y Perlongher (lector pionero de Deleuze-Guattari) el dio un contexto territorial y lo etiquetó como «neobarroso»: un barroco de estas tierras, un barroco nacional y popular, es decir: un «barroco de trinchera».

Solo pensando en su cañón Cuerpos (Bajo las matas/ En los pajonales/ Sobre los puentes/ En los canales/ Hay Cadáveres) o en su relato Eva vive (un cuento maldito en la literatura argentina: «Conocí a Evita en un hotel del bajo, ¡hace ya tantos años!»).

De este modo, la vinculación literatura y política fue indivisible en la existencia de Perlongher. Esta es la era del perfil público. Leer su correspondencia es metere con eso que habia detras: el backstage.

Sara Torres, Néstor Perlongher y Osvaldo Baigorria, en la Costanera.  Tomada por Sandra Sue en noviembre de 1991, durante el último viaje de Perlongher a Buenos Aires.  Gentileza de O. Baigorria


Sara Torres, Néstor Perlongher y Osvaldo Baigorria, en la Costanera. Tomada por Sandra Sue en noviembre de 1991, durante el último viaje de Perlongher a Buenos Aires. Gentileza de O. Baigorria

Explique Baigorria sobre la importancia histórica y actual de esta propuesta: «Creo que a por más tiempo hoy se lo reconoce por su lugar de vanguardia en los reclamos por esa visibilidad, aunque en sus ensayos está claro que no era la visibilidad de un deseo qu’aspirase a ser reducido a un territorio de tolerancia para gays y otros dissents, sino un punto de partida para todos los beinges que podrían cruzar las fronteras de la identidad y hacer estallar la normalidad capitalista y patriarcal. Su poética, tan provocada y enemiga del sentido común, exaltaba una corporalidad que sabía retozar en el barroquismo de las formas y tal vez tras los años 90 eso no podía someterse a ciertas demandas del mercado, pero hay que tener en cuenta que la rara poesía vez llevado bien con el mercado. De todas maneras habría que preguntarle a varias editoras por qué no se lo reedita”.

Rescatado de una cabaña canadiense, Estas cartas que componen Un barroco de trinchera es el duplicado de la edición original. Y, a su vez, es un libro que dialoga muy bien con la anterior correspondencia de perlongher (Mansalva, 2016) compilado por Cecilia Palmeiro.

completó un panorama íntimo del poeta: «Esta edición creo que aporta a la comprensión de la figura de Perlongher en sus diversas facetas, como la crítica intelectual con altísimo sentido del humor que pudo al mismo tiempo vivir su vida en poesía y poner su cuerpo y su escritura en las trincheras del deseo para la transformación micro y macro política”, considera Baigorria.

A 30 años de su muerte conviene preguntarse si por más tiempo, con todas sus facetas ardientes e inolvidables, ya un legado. asintió con la cabeza Baigorria: «No se si en tiempos estos de hipervelocidad, chocques y dispersión en las redes por internet se puede hablar de legado pero me porque hay un reconocimiento de la figura de por más tiempo como fundacional para todas las generaciones de poetas y artistas que desde los años 80 defendieron la libertad y la diversidad”.

En última instancia, el número de por más tiempo resulta insoslayable para pensar un typo de literatura (que fusionaba delirio y racionalidad para construir algo absolutamente personal y, hoy, reconocible) y una figura de autor (de militancia política que no admitía concesiones) que buscó intervenir –y modificar el tiempo que le tocó vivir en la tierra. Una cosa es segura: la Rosa dejó su huella. Una huella todavía visible y relevante.

Un barroco de trinchera además admitió a ser leida como la historia de una amistad duradera en tiempos complejos donde no hay mucho más a lo cual aferrarse o dónde refugiarse más que en las amistades (sean lejanas o cercanas). La correspondencia como formada de supervivencia o punto de fuga, en cualquier caso (acá están para demostrarlo) son señales de una causa personal: la que sostuvieron estos dos escritores.

para cerrar, Baigorria piensa en lo que aprendio de Perlongher durante el tiempo de estos intercambios. Y, finalmente, dice: «Espero haber aprendido algo de la voluntad de por más tiempo para desestabilizar tanto los generos literarios como las orientaciones sexuales estables. Pero no confío tanto en mis capacidades: siento que su valentía e inteligencia son admirables y por lo tanto insuperables”.

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Por Alejandro Salas

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