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«Lo que le sucedió a mi papá es el hecho que la gente más teme que le pase», dijo el hijo de Hanif Kureishi

«Lo que le sucedió a mi papá es el hecho que la gente más teme que le pase», dijo el hijo de Hanif Kureishi

Justo después de Navidad, el escritor hanif kureishi estaba dando un largo paseo por Roma, donde é y su esposa, Isabella D’Amico, estaban pasando las vacaciones, cuando de repente se desplomó en la calle. No está claro por qué –quizá se desmayó, Dijo su hijo Carlo Kureishi, o quizás sufrió un ataque epiléptico–, pero cayó desgarbadamente, torciéndose el cuello y dañando gravemente la parte superior de la columna.

Cuando hanif kureishi recobró el sentido, estaba tendido en un charco de sangre, incapaz de mover los brazos o las piernas. «Se me ocurrió que no había coordinación entre lo que quedó de mi mente y lo que quedó de mi cuerpo», escrito, al dictado, unos días después en Twitter. «Estaba divorciada de mi mismo. Creía que me estaba muriendo. Creía que me quedarían tres bocanadas de aire».

Trasladado al Hospital Gemelli, kureishi pasó los siguientes días «profundamente traumatizado, alterado e irreconocible para mí mismo», dijo en Twitter. «En estos momentos, no está claro si podrá volver a caminar o si podrá sostener una lapicera».

Desde los comienzos, Kureishi, 68 años, novelista, guionista, dramaturgo y director, conocido sobre todo por mi hermosa lavanda allá El Buda de los suburbios, dicta mensajes diarios desde la cama del hospital. Con una prosa viva y conmovedora, narra su drama realpero también evoca recuerdos, reflexiona sobre la escritura y el arte describe allí la profundidad aterradora, con veces trascendente, de depender del amor y la paz de los demás.

Los posteos se presenta como una serie de tuits y también se compila como un boletín Substack: postales de una crisis en desarrollo. Han tocado la fibra sensible de los lectores, que responden con consejos prácticos, así como con mensajes de amor, apoyo y gratitud por lo que, según dicen, ha sido un extraordinario modelo de elegancia e imaginación en medio de la calamidad.

“Estamos todos contigo en esa habitación, tumbados a tu lado en la camilla y mirando los azulejos del cielorraso”, escribió una usuaria de Twitter llamada Affi Parvizi-Wayne. «Tu hermosa escritura nos transporta cada día a tu mundo».

kureishi dijo por primera vez quería publicar algo en las redes sociales unos días después del accidente, contó su hijo en una entrevista. «No es una persona reservada en ese sentido», agregó Carlos Kureishi. «Siempre es autobiográfico en sus escritos».

Empezó a dictar, casi a la manera de un periodista de la época en que no hay internet y no hay transmisión de notas por teléfono a la redacción. «Fue algo muy natural, muy fluido», dijo su hijo. «Pensé que eso era todo». Pero los primeros mensajes despertaron gran interés, en parte porque hanif kureishi reflejaba los temores de muchos lectores.

«Lo que le ocurrió a mi papá es el hecho que la gente más teme que le empieza», dijo Carlo Kureishi.

Los tuits son valientes, profundos, juguetones, líricos, desesperados y, en ocasiones, muy divertidos. Al mencionar un examen rectal inminente, hanif kureishi recordó el último que le hicieron, cortesía del Servicio Nacional de Salud de Inglaterra. Lo encerrará lo confundió con Salman Rushdie.

«Mientras la enfermera me dio vuelta, me preguntó: «¿Cuánto tardó en escribir Hijos de la medianoche?» escribiendo kureishi. «La impugnada: ‘Si de verdad hubiera escrito Hijos de la medianoche¿no cree que habría recurrido a la medicina privada?».

De hecho, los dos escritores son viejos amigos. «Mi amigo Salman Rushdi, uno de los hombres más valientes qu’conozco, uno de los hombres más valientes qu’conozco, un hombre qu’enfrentado a la forma más malvada de islamofascismo, me escribe todos los días animándome a tener paciencia”, escribió Kureishi en un mensaje de Twitter. “Él lo sabe”, agregó, en referencia al despiadado ataque con arma blanca que sufrió Rushdie el verano pasado. “Él me da valor”.

Kureishi es un punto de entrada a un hospital especializado en rehabilitación y es probable que su recuperación sea difícil y difícil. Tras una operación de cuello para reducir parte de la inflamación alrededor de la médula espinal, ha recuperado atisbos de movimiento en las piernas y la punta de los dedos, según su hijo.

Nadie le ha dado un pronóstico definitivo, la tía hace poco un fisioterapeuta «me prometió que volvería a levantar una lapicera con la mano derecha», escribió Kureishi.

El autor lidia a diario para recalibrar en relaciones más estrechas: con sus tres hijos varones, su esposa y su ex mujer, la productora Tracey Scoffield, a la que sigue muy unida. «Esta bomba también les ha destrozado la vida a quienes me rodean», escribió. “A las personas les gusta ser amables y ayudarse unas a otras”, agregó.

“También les molesta depende unas de otras y no poder hacerlo todo por sí mismas.

la escafandra

En 1997, los lectores se maravillaron ante el valor y la humanidad de Jean-Dominique Baubyeditor de una revista francesa que escribió las memorias La escafandra y la mariposa despues de eso un paralizado por completo lo dejara una dermatitis cerebral, sufriera el sindrome de enclaustramiento y solo pudiera comunicarse moviendo un parpado.

la situación de kureishi es diferente, por supuesto: para empezar, no está tan incapacitado físicamente como Bauby. Pero lo más sorprendente de lo que está haciendo es que se déarrolla en tiempo real, como si escribiera desde el interior de una tormenta, en lugar de esperar a que amaine.

En consecuencia, sus mensajes tienen casi el impacto de una novela por entregas que se va escribiendo a medida que transcurre la acción y antes de que el autor conozca el final.

En uno de sus mensajes, kureishi habló de su amor por el acto físico de escribir con la pluma en el papel, de cómo le gusta «to write a palabra, a frase, read otra frase, hasta que siento que algo se despierta dentro de mí».

«A medida que hago esas marcas, empiezo a oír hablar a los personajes y luego estos empiezan a hablar entre ellos, si tengo suerte; si tengo aún más suerte, puede que emppiecen a difieren entre sí», continuó. «Estoy seguro de que muchos pintores, escritores, arquitectos, deportistas y jardineros adoran sus herramientas y ven en ellas una prolongación de su cuerpo.

«Espero que algún día pueda volver a usar mis preciosos y amados instrumentos».

©El New York Times

Traducción: Elisa Carnelli

computadora

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Por Alejandro Salas

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