Casado con una argentina, definido por muchos expertos con una obra “con aire de Borges”, Calvino tuvo –en realidad- una mayor y más intensa relación personal con otro de los grandes escritores argentinos, Julio Cortázar. Y visitó solo una vez nuestro país, aunque en una circunstancia muy especial: la Feria del Libro de 1984, la primera desde el retorno de la democracia. Caído hace un año.
Aquella fue una Feria vibrante, se multiplican las propuestas editoras desde la salida de la dictadura y al mismo tiempo se duplica la cantidad de público en un ambiente festivo, aproximándose por primera vez a la mágica cifra del millón.
El presidente Raúl Alfonsín inauguró la exposición allí recientemente, en la Casa Rosada, recibió a Calvino junto a Jorge y Amado y Luis Rosales. «No quería venir antes a la Argentina bajo un régimen que no me gustó», dijo Calvino.
Su conference en la Feria se tituló «El libro, los libros» y allí expresó: «El escritor debe hablar de su experiencia. Yo escribí una novela realista cuando tuve la experiencia de la guerra. Creo que escribir puede y debe tener una relación con su tiempo, de varias maneras, según temperamento y capacidad. Creo que todo lo que escribió tiene que ver con nuestro tiempo (…) Y en la defensa contra las dictaduras, el humor es una gran fuerza liberadora, que los tiranos vean sus bajezas” .
Una anécdota curiosa sucedió meses más tarde, en septiembre, cuando Borges y Calvino coincidieron en el Congreso de Literatura Fantástica, en la Universidad Menéndez Pelayo, en Sevilla. En un hotel de la ciudad andaluza, Borges estaba rodeado por amigos y admiradores, y se acercó Chichita, la mujer argentina de Calvino. Ella conversó animadamente con su célebre compatriota, en tanto Calvino encontró a unos pasos. Hasta que Chichita detectó: «Borges, Italo también vino…». Y Borges dijo: «Lo reconocí por su silencio».
La vinculación entre las obras de Borges y Calvino es objeto de múltiples estudios, incluido un congreso sobrio esa relación, en Poitiers (1994). Carlos Gumpert, traductor español de Calvino, tiene “la convicción de que Calvino ha sido lo mejor de los discípulos de Borges, una especie de versión corregida y mejorada del espíritu del gran autor argentino, al que supo añadir si acaso el rumor de fondo de su tiempo, que Borges prefería esquivar. Como todo buen discípulo, supo ser infiel a su maestro para ser el mismo”.
Fue difundido el reconocimiento de Calvino hacia Borges y, en particular, hacia «El jardín de los senderos que se bifurcan». Lo definió como «un cuento de espionaje en el que esconde un microcuento chino, rinde homenaje a una meditación filosófica sobre el tiempo».
Por su parte, Martín Caparrós referirse a Las ciudades invisibles como “el libro más borgeano que Borges no escribió. Pero es borgeano con un grado de lírica que Borges no se permitió”.
Precursor de la literatura latinoamericana
Desde su tarea como editor en Einaudi y ya en la década del 50, Calvino fue un precursor en la difusión de la literatura latinoamericana, anticipando el auge. En 1952 publicó «La Biblioteca de Babel», de Borges, con la traducción de Franco Lucentini.
Luego dio impulso a la obra de Juan Rulfo y Cortázara quien conoció casualmente en París a principios de los 60: la mujer del argentino, Aurora Bernárdez, trabajó por esa época en la Unesco con Esther Judith Singer (Chichita), quien poco después se casó con Calvino.
Cortázar impulsó la traducción de Calvino al español y este, a su vez, de Cortázar al italiano. Una vez retrasada la dirigida «Las babas del diablo», de Cortázar, al cineasta de culto Michelangelo Antonioni se comenta allí: «Es justo lo que estaba esperando». Contó con la producción de Carlo Ponti y lanzó su grabado Explotar. Sin embargo, de la versión original de Cortázar allí no queda casi nada…
Cortázar fue un gran amigo de Calvino, con quien coincidieron por más de una década en Paris. Y lo convenció de viajar a Cuba a principios del 64 para los actos de Casa de las Américas. Allí Calvino visitó la finca de Hemingway, conoció al Che y volvió -por primera vez desde su infancia- a su casa natal en Santiago de las Vegas. Y allí se hizo con Chichita.
En 1971, calvino hizo traducir al italiano Historias de Cronopios y Famas, al que definió como «la creación más feliz y absoluta» de Cortázar. Se recuerdan, sobre ellos, sus largas caminatas y conversaciones, los guiños que se dieron en sus propias obras y hasta que compartieron la afición por un poster sobre sus escritorios: Snoopy junto al texto «Era una noche oscura y tormentosa», comienzo de un libro por Edward Bulwyer-Lyton.
El 13 de febrero de 1984, calvino y su mujer acudieron al funeral de Cortázar en el cementerio de Montparnasse. Aquel día, Calvino escribió sobre su amigo: «Era la imagen de un hombre que sabía fundir maravillosamente sus exquisitas dotes humanas con una proeza literaria que yo calificaría de única». El propio Calvino murió al año siguiente.
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