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El hijo de Los ‘botiguers’ ahora ucranianos

El hijo de Los ‘botiguers’ ahora ucranianos

Barcelona es mini nido, mi aquí y ahora, an ahora que dura casi tres años y que es muy deseado, no un accidente a lo Bertín Osborne. Si veo hoy es porque empiezo vacaciones y necesito un reset en un refugio climático de los de verdad y no de mentirijillas, el jos de la temperatura ambiente que reina en estos días de julio a la sartén. Por eso y por ver a los míos que están lejos.

Pero, en un par de semanas, seré uno más de los quedan en agosto en Barcelona, ​​​​porque siento como mía esta ciudad que tan a menudo se quiere poco a sí misma y se autocastiga. Decadente, degradada, provinciana, alejada de las vanguardias, invivible, incívica, insegura, vendida al turismo, sucia y sin comercio de proximidaddicen los maldicientes devorados por la nostalgia, que son muy cansinos.

Barcelona, ​​imperfecta y mejorable como todo ser vivo, tiene muchos retos que afrontar de forma acuciante. Incidir en ello es una obligación del periodismo y de la ciudadanía responsable, pero también lo es visibilizar los latidos que la llevan en la buena dirección.

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Pavlinka Doroshenko es un buen ejemplo. Ucraniana, de 39 años y decoradora, llegó hace casi una década para conocer en persona a otro ucraniano que vivía en la capital barcelonesa de Tinder. Doroshenko ya nunca se fue y en todos estos años ha trabajado en el escaparatismo comercial. La ucraniana se ha lanzado ahora a emprender y regentará la Herboristeria del Rei, que fue la más antigua de Catalunya y que cerró en 2021 por discrepancias entre la propiedad y el entonces arrendador. Ahora, el comercio reabre bajo la batuta de Doroshenko, preservando su actividad histórica tras firmar un contrato de alquiler por diez años, según explica Patricia Castán.

Qué dirán los maldicientes de esta buena noticia, que demuestra que no todo el comercio tradicional resucita reconvertido en un templo del recuerdo y que la inmigración ordenada que tan bien defiende Albert Sáez puede ser beneficiosa para Barcelona, ​​mi nido. Cuídense, sean felices, nos leemos a la vuelta y mantengan su fidelidad a EL PERIÓDICO.

Por Alejandro Salas

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