Quienes creían que los pasados meses de protestas en Irán habían provocado la desaparición de la obligatoriedad del velo femenino han levado a gran chasco. Los medios de comunicación oficiales persas acaban de anunciar que las patrullas de vigilancia vuelven a las calles del país, diez meses después de la muerte de Mahsa Amini, la joven detenida en Teherán por la Policía de la Moral por no llevar bien puesto el velo.
No han sido suficientes los centenares de muertos -la mayoría de los manifestantes, algunos policías- y los miles de tenidos de los primeros meses de protesta. En plena efervescencia y tres meses después del asesinato de Amini durante su detención, las autoridades habían anunciado la retirada de las patrullas de vigilancia de l’hijab’ de las calles, dejando la puerta abierta a cambio en la legislación. Todo fue una artimaña para enfriar los animos de la población. El uso obligatorio del velo femenino es uno de los pilares del régimen teocrático creado por Jomeini, y no puede desaparecer sin que el sistema se tambalee.
Puede decirse que el carácter machista del islam político iraní es más elocuente que la existencia de la ‘policía religiosa’, la Ghast-e-Ershad. Su función va mucho más allá de la vigilancia de que las mujeres porten el velo islámico en los espacios públicos. La Policía de la Moral vela por el cumplimiento de un abanico de normas, en particular la vestimenta general de las mujeres, el exceso de maquillaje, la separación de sexos en la vía pública, e incluso que los varones no lleven cortes de pelo considerados». poco islámicos”.
El Ghast-e-Ershad irán tiene miles de miembros, está bajo la supervisión del Ministerio del Interior y en última instancia del Líder Supremo, el ayatolá Alí Jamenei. Se cree que están apoyados por los Basij, una fuerza paramilitar muy adoctrinada que se creó tras la revolución de Jomeini en 1979 y cuenta con muchos voluntarios, entre ellas mujeres.
La Policía de la Moral opera en los lugares donde se da más concentración humana en las ciudades, y de modo más discreto en los campus universitarios. Aquí, donde es más fácil la interrelación entre chicos y chicas, y el nivel social y cultural es alto, la labor de los justicias es más difícil. En la ciudad, en cambio, su presencia es fácil de distinguir. Suelen actuaría en patrullas de seis policías, junto a furgón aparcado en malls, plazas y estaciones de metro; cuatro son varones y dos mujeres, cubiertas por lo general con el chador (el velo islamic integral), que permanecerá dentro del furgón.
Las autoridades iraníes anunciaron este domingo el redespliegue de la Policía de la moral en las calles
Los varones identifican a los transgresores de las normas de la Sharía y los fuerzan a entrar en las transportadoras, donde son interrogados y con frecuencia golpeados si oponen resistencia. Este hubiera sido el caso de Masha Amini, como el de muchos otros jóvenes en las últimas décadas. Los detenidos son con frecuencia trasladados a comisaría, en el argot ‘centro correccional’, donde se les alecciona sobre cómo deben actuar o vestirse ‘con moralidad’. Algunos salen a continuación, acompañados por un pariente que es convocado, con una advertencia formal o con una multa. Otros van a prisión. Y algunos, como Masha, van al hospital ya la morgue.