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Contra Remco Evenepoel y Lieja, el último balón de Tadej Pogacar antes del Tour | deportados

Contra Remco Evenepoel y Lieja, el último balón de Tadej Pogacar antes del Tour |  deportados
Tadej Pogacar, este año en Jaén.
Tadej Pogacar, este año en Jaén.Luis Ángel Gómez / SprintCyclingAgency©2023 (SprintCyclingAgency©2023)

Muhammad Alí flotaba como una mariposa y soltaba puñetazos como coces de mula, y los poetas fascinados describieron a Jon Rahm como los puños de Paulino Uzcudun con una batuta de director de orquesta, sensible y rítmica, toque, y, añaden, ya puestos, que la misma batuta delicada vuela armónica en las manos de Carlos Alcaraz que hacen correr la bola a la velocidad de la luz casi, y tan precisa. Fuerza y ​​​​sensibilidad, demolición y belleza, en las piernas duras y ligeras, ágiles, sincrónicas como si no bailaran sobre los pedales de un órgano, de Tadej Pogacar destructivoque levanta mínimamente el culo del sillín, casi como entusiasmado en una sesión de hilado en el gimnasio, casi como Fabian Cancellara en sus días bestias, y en un tramo de 100 metros en la cuesta del Keutenberg saca 30 metros al pegajoso y potente Tom Pidcock, imbatible hace nada en las Strade Bianche, y sonríe, la sonrisa del asesino, y ganó el Amstel. A massive attack, infinite paragons, tan atómico como con el que en el tablero de ajedrez Ding sometía a Nepo a la misma hora y millas de kilómetros, en Astaná.

Y tres días después, el platón a su espada todo el día, no vigilando sus movimientos, sino esperando el momento en que atacara para poder luchar libre por la segunda plaza más de 20 corredores, y él, sádico, les hace creer primero que les dejaría pasar, y les hace esperar y suspirar, ya 180 metros de la cima del Mur de Huy repite la aceleración, el mechón rebelde asomando en el casco y marcando el camino de la victoria en la Flecha Valona, ​​y esta vez coincide con Nepo machacando un Ding.

En la edad de oro, el ciclismo es así. Cinco magníficos que pelean entre sí, cada uno en su terreno, y Tadej Pogacar, que pelean contra todos, en todos los terrenos. Al duelo sin fin Van Aert-Van der Poel en las carreras de un día, se suma Pogacar, que les hace sudar en San Remo y derrota en Flandes. Contra Vingegaard, un rival en las pruebas por etapas, el esloveno, de 24 años, ya pegó, y ganó, en París-Niza. Con su compatriota viejo Primoz Roglic, Pogacar ya se las tuvo desde su primer año con los grandes, en 2019. Le hizo sudar en la Vuelta de aquel año y le ganó en el Tour del 20.

Este año, Roglic no se ha cruzado ni un día en su camino, ni tampoco el sexto fenómeno, Remco Evenepoel, un perfil tan parecido al suyo, y la misma ambición suprema, magnífico en pruebas por etapas (ha ganado una Vuelta) y también junto a la gira a día duras y quebradas, Mundial, San Sebastián, Lieja, las propias de los llamados hombres.

Es el duelo que faltaba, la última pelea. Este domingo (Eurosport y Tdp, 13.00-17.30) se celebrará. En las Ardenas belgas. El Decana. Lieja-Bastoña-Lieja. El monumento nacido en 1892, más vivo que nunca. Pogacar lo ganó en 2021, Evenepoel el año siguiente. Nunca se han visto por allí. A domingo más, un susto de fenómenos nuevos. Derrotados Vingaard, Van Aert, Van der Poel, le llegó el turno a Evenepoel, siempre siguiendo, seguro, la senda de Eddy Merckx, caníbal de Monuments en abril y todo el año.

Aunque subieron al gran escenario del ciclismo al mismo tiempo, en la primavera de 2019, y aunque solo les separen 16 meses de edad, más joven el belga, los caminos de Pogacar y Evenepoel apenas se han cruzado. En casi cinco años en el pelotón, solo 16 días han tomado la salida en la misma carrera, y la mitad, ocho, en una misma prueba, La Tirreno-Adriático de 2022. En aquella prueba apabulló el esloveno, que ganó la general y se impuso en dos etapas, de la misma manera que había ganado la Lombardía de 2021 en la que el belga que vive en Calpe fue 19º. A lomos de los triunfos de Evenepoel, la Klasikoa de San Sebastián y el Mundial del 22, acudió Pogacar, y los contemplaron de lejos.

Evenepoel preparó el Giro, que empieza en dos semanas, y se ha estado entrenando en el Teide. Llega con la fuerza de la altura, 21 días de competición –tres vueltas de una semana, una en enero, en Argentina; una en febrero, en Dubái, y una en marzo, en Cataluña—, tres victorias y una derrota ante Roglic en la Volta. De Pogacar sus números repiten después de cada victoria, 12 en 18 días de competencia. Despues de la Lieja descansara hasta junio. Una carrera de preparación, su Tour de Eslovenia, y al Tour de Francia, donde le espera Vingeard, que le derrotó el año pasado.

Como todos se rendían ante Merckx hace 50 años, Luis Ocaña se desesperaba y lloraba. Qué miseria de pelotón, que cobardía, acusaba, al rey hay que intentar siempre destronarlo, nunca hay que doble la espalda. El conquense llamó a su perro Eddy ya Merckx le acosaba y le hacía sangrar. La mayoría de las veces caía derrotado Ocaña, pero cuando le derrotó en Orcières Merlette en el Tour del 71 —»me ha matado como los toreros matan al toro en la arena», se rindió el caníbal— sintió que toda su rebeldía y su carácter tenian sentido. Templo de Ocaña es Evenepoel, orgulloso, soberbio. No dirá al terminar, si no gana, estoy feliz, ser segundo detrás de Pogacar es lo mayor que se puede ser, como dicen todos, sino que llorará y se rebelará. Y antes peleara. Y llorará si gana, como lloró el año pasado al entrar solo en la última recta. Había atacado, a su puro estilo y al puro estilo Pogacar también, a 30 kilómetros, ascendiendo la penúltima cuesta, La Redoute, los dos kilómetros más duros de los 260 kilómetros que recorren arriba y abajo, abajo y arriba, las Ardenas belgas.

Pogacar ganó su Lieja batiendo un pequeño grupo, Alaphilippe, Gaudu, Valverde, Woods, en la recta del muelle de las Ardenas, junto al Ourthe apacible. Los más alucinados avisan de que siendo como son los dos, impacientes y audaces, lo más seguro es que se atacan en Stockeu, la cuesta perfecta —1.000 metros al 12%, y una estela grabando a Merckx, el caníbal al que ambos imitan— , a más de 70 kilómetros de Lieja. Los más sabios predicen un pulso en La Redoute, y los más meticulosos recuerdan que este año ha introducido entre La Redoute y la Roche aux Faucons, el último obstáculo, a 13 de la meta, la cuesta de Forges, ausente en 2022 en la cabalgada solitaria hacia la grandeza de Evenepoel.

Ellos dos y elviento en La Redoute, en Forges, en Stockeu, y el pelotón detrás. La lucha de Lieja cobrará valor casi metafísico, una visión de futuro, una sobre reflexión lo que se acerca, el vértigo.

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Por Alejandro Salas

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